El País publicaba hoy este artículo, con fotos explícitas que ha provocado reacciones diversas.
Primero de todo quisiera que se tuviera en cuenta, como así se puede constatar, las diferentes realidades de la prostitución.
Sin ningún género de dudas esta es la más marginal, la más sórdida, la más incívica y la que mas problemas a nivel social conlleva aún siendo la minoritaria.
En su momento ya critiqué la Ordenanza Municipal sobre civismo, tanto la de Barcelona como las de otras localidades, comentando que poner multas a los clientes y prostitutas no iba a terminar con el problema, porque el problema, mejor dicho los problemas no se solucionan poniendo parches a los efectos. Hay que ir a la CAUSA/S.
Ante la pregunta ¿cuál es el problema? no saber distinguir entre causas y efectos provoca este tipo de situaciones.
Las mujeres que realizan esta modalidad de prostitución son en su gran mayoría, extranjeras que no tienen sus permisos de residencia y también en muchas ocasiones ni siquiera documentación y que están siendo explotadas por redes (al igual que los vendedores de marcas falsas, masajistas de la playa, talleres textiles, servicio doméstico, vendedores de marcas falsificadas, etc)
Por lo tanto, estamos ante un colectivo de mujeres que están en España, "sin papeles", que sólo cometen una falta administrativa cuya sanción es desde una multa hasta la expulsión del país. Ahora bien, la expulsión no se puede llevar a término si se desconoce de que país procede y si no han cometido delitos "graves". Su solución implica a diferentes administraciones (central y autonóma y local).
Pero es que además hay que dar alternativas a las víctimas para que puedan regresar a su país en condiciones que les permitan vivir dignamente o si se quedan que se puedan adaptar a la sociedad de acogida.
No olvidemos que el detonante de que estas mujeres vengan a nuestro país es intentar mejorar su calidad de vida con respecto a su país de origen y en definitiva la injusticia social, de la que todos somos responsables.Esta injusticia social es la que las hace vulnerables y facilmente caen en las redes de traficantes o que quiera emigrar.
Cuando llegan aquí la realidad nada tiene que ver con su sueño migratorio.
Dentro de este colectivo de mujeres hay a su vez
un subgrupo que no tienen ningún civismo, (¿acaso es de extrañar?) y que hoy El País, no ha tenido ningún inconveniente en destacar (ensucian, se pelean, gritan, realizan los servicios en la calle), y son las que estan provocando una parte de la degradación de la ciudad. No obstante, dicho esto,
también son muchos los ciudadanos barceloneses que ignoran totalmente las normas de convivencia y son incívicos (tirar colillas en el suelo, vomitar, orinar, tirar papeles, regar las plantas en horas diurnas, emborracharse en la calle, chillar, poner la tele o la música super alta, no recoger los excrementos de los perros, permitir que los perros estén en la hierba, no caminar por la derecha, invadir el lado izquierdo de las escaleras del metro, no dejar salir primero antes que entrar en el metro, grafitis, etc. etc. etc.)
Ver aqui:
http://www.lavanguardia.es/politica/noticias/20090913/53784462303/jordi-hereu-no-ve-la-luz-barcelona-psc-rambla-gobierno-zapatero-pasqual-maragall-guardia-urbana-la-v.html
Por el lado de los clientes de esta forma de prostitución hay una serie de turistas incívicos que se comportan de manera que no lo harían es sus ciudades algo que no se debe de tolerar tampoco. Casi siempre bajo los efectos del alcohol y las drogas deambulan por el centro de la ciudad hasta altas horas de la madrugada. La gente tiene que saber respetar el espacio público y desde luego la educación cívica es inexistente. Personalmente a este tipo de personas les haría trabajar gratuitamente en ámbitos sociales amén de reponer los daños.
Finalmente quiero recordar que en los trabajos de remodelación del barrio del Raval, se cerraron inumerables meublés y pensiones dónde las prostitutas atendian a sus clientes y bares donde se reunían. Por lo que en la actualidad ya no tienen sitios dónde realizar sus servicios de manera discreta e higiénica.
Para atajar este problema hay que hacer un analísis exhaustivo de causas y efectos y se ha de abordar de manera integral, las soluciones son tranversales y han de estar coordinadas las diferentes admistraciones y agentes sociales. También han de escuchar a los vecinos, ongs y a las personas que viven de cerca estas situaciones que son las que mejor que nadie conocen la situación, incluyendo a las propias prostitutas.
En este sentido, cuando era estudiante, tuve como profesor en una de las asignaturas (Análisis de Políticas Públicas) a Ricard Gomá que es concejal y 2 Teniente de Alcalde, responsable de Acción Social y de Ciudadanía del Ayuntamiento de Barcelona. Dejó la docencia para dedicarse a la política y solicité una entrevista con él para comentarle que el intentar terminar con la prostitución en la calle con multas no resultaría efectivo, y que se tenía que buscar alternativas como la creación de cooperativas y mirar de ofrecer alternativas de oportunidades de encontrar empleos adecuados al perfil de cada mujer que quería dejar la prostitución ... la cuestión es que en cinco minutos ya observé que no estaba por la labor y tuve que marcharme... Así que no me extraña nada que estos días no haya querido hacer declaraciones.
Finalmente tampoco la solución es tan fácil como regular la prostitución, sin concretar cómo.
En Francia, Italia y Estados Unidos está prohibida, y sin embargo situaciones como en Barcelona se repiten día a día.
En Suecia, pese a que la abolición ha conseguido que desaparezca de las calles, (que no la prostitución en sí) no hay que olvidar que es un país que apenas tiene inmigración ilegal ya que está alejado geograficamente de los países más desfavorecidos. Asimismo, cuenta con el estado de bienestar más desarrollado de Europa que hace que la pobreza entre sus habitantes sea mínima. Y los suecos se van fuera de Suecia a contartar a prostitutas.
Si hay una regulación en la que la prostitución sea reconocida como trabajo y se tenga que ejercer en locales no serviría para este colectivo de mujeres inmigrantes ilegales que estarían abocadas a seguir igual. El primer paso sería evitar la inmigración ilegal y en la actualidad no hay recursos para ello. Siendo realistas la solución no es nada fácil.
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Fuente:
Sexo de pago en plena calle junto al mercado de La Boqueria
Comerciantes y vecinos de Barcelona protestan ante el ejercicio de la prostitución en la zona
BERTRAN CAZORLA Barcelona 01/09/2009
La dueña señala un condón usado junto a su tienda de bolsos. Esta vendedora, que opta por el anonimato, trabaja en La Boqueria, el mercado más célebre de Barcelona y uno de sus principales atractivos turísticos. Lo primero que tiene que hacer cada madrugada cuando abre es deshacerse de los restos que han dejado noches muy movidas: el mercado de comestibles se convierte cuando se hace oscuro en "una casa de citas" según el presidente de los tenderos, Manel Ripoll. Las prostitutas prestan sus servicios, por escasos 20 euros, entre las columnas que rodean la Boqueria, que ofrecen un escondite muy precario de La Rambla adyacente y siempre abarrotada de turistas.
En esos porches se refugian, entre carteristas y vagabundos que duermen, las prostitutas más degradadas de la ciudad, aquellas que no disponen de un piso para trabajar o que no pueden competir en las inmediaciones del Camp Nou, el otro foco clásico de prostitución en Barcelona, junto al Raval. Jóvenes africanas -muchas víctimas de la explotación- y, especialmente, travestidos latinoamericanos aprovechan los muchos recovecos oscuros y escondidos de la zona sur del Raval.
Y eso que la Boqueria es "una zona donde el tránsito de alimentos es continuo, por lo que las condiciones de salubridad tienen que ser óptimas". No fue uno de los vendedores quejumbrosos quien resumió de forma tan certera el problema, sino Carles Martí. Era 2003 y ejercía de edil del distrito de Ciutat Vella. El hoy primer teniente de alcalde de Barcelona anunció entonces que cerraría los porches de noche, y le aplaudieron los comerciantes.
Seis años y una ordenanza cívica después no ha cambiado nada en ese lugar. Los políticos municipales siguen dándole vueltas a la norma, que prevé multas para quien ofrezca y demande sexo en la calle. Mientras discuten si ahora debe regular la libertad de los paseantes a vestirse como quieran, la ordenanza fracasa noche tras noche en La Rambla.
"Es vergonzoso. Las niñas hacen de todo entre las columnas y los camiones de mercancías", dice la dueña de un puesto de quesos. A media mañana, entre turistas despistados y comerciantes ajetreados aún se ve alguna jeringuilla junto a la terraza de algún bar. Y cuando los puestos cierran, aún quedan embalajes de preservativos por los rincones. "Es mi desesperación como presidente", se lamenta Ripoll.
Poco puede hacer ante este panorama la encargada de hacer cumplir la ordenanza, la policía local. Un portavoz cuenta que las prostitutas se van a otras zonas del barrio cuando las persiguen en La Rambla. Y vuelven a esa vía cuando las van a buscar allí. Así indefinidamente.
"No se puede atacar el fenómeno con presión policial", opina Eva Fernández, presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona: "Hasta que no se regularice la prostitución no vemos ninguna posibilidad de influir de forma efectiva en el fenómeno", explica. Hasta entonces, prosigue, habrá prostitutas en la calle.
Así que ni ordenanzas ni policías. Hacer posible que las prostitutas puedan constituir "cooperativas" para habilitar "espacios autogestionados" y escapar así de la precariedad es la receta que propone Fernández. "El problema es que la normativa municipal hace muy difícil abrir un local de este tipo en el Raval", añade.
Y eso que en el barrio los hay y los ha habido. Los evocó en su obra Manuel Vázquez Montalbán, que creció allí, los retrató Josep Maria de Sagarra, que se adentró en la zona durante su juventud burguesa, y los recuerda Maria Casas, presidenta de la asociación de vecinos Taula del Raval. "Antes había meublés y bares con un reservado, y esas mujeres convivían con los vecinos", narra.
Aún se ve alguna de esas viejas trabajadoras por la calle de Robadors, pero ya hace tiempo que la mayoría ha sido sustituida por las jóvenes inmigradas, que no sólo se prostituyen, sino que también roban y se pelean entre ellas por los clientes. "Es su cuerpo y pueden decidir qué hacen con él. Se debe diferenciar entre ese derecho de las personas y el incivismo, la violencia y la agresión", dice Casas, que también reclama espacios para que estas trabajadoras puedan abandonar la calle.
Otras soluciones al problema pasan por el urbanismo. "Estaría muy bien dar más licencias para tener una zona de terrazas, como en la plaza Reial", apunta Oti Pérez. Tiene uno de los pocos restaurantes que hay en los porches y se ve obligada a cerrar cuando anochece y las prostitutas y los ladrones se adueñan de la zona.
Sin entrar en esa posibilidad, el Ayuntamiento señala ahora que afrontará el problema cuando reforme la plaza de la Gardunya. Este espacio al que todos los edificios colindantes dan la espalda y que alberga un aparcamiento será objeto de la última gran intervención de las que ha sufrido el Raval en los últimos decenios. La reforma ha arrancado este año, y deberá acabarse en 2012. Ripoll confía en que entonces se atienda su demanda de cerrar los porches. Mientras tanto, los comerciantes deberán seguir rociando con agua y lejía el suelo cada mañana, antes de transportar a sus tiendas los comestibles.
Cuatro años de fracaso
- Diciembre de 2005. La ordenanza cívica de Barcelona se aprueba en diciembre de 2005 y entra en vigor en enero de 2006. Prohíbe la mendicidad, la venta ambulante y todo tipo de actos incívicos. La prostitución callejera está prohibida si supone una invasión del espacio público o se produce a menos de 200 metros de un colegio. Las sanciones previstas por ofrecer o pedir sexo en la calle son de entre 300 y 750 euros para el cliente y para la prostituta.
- Enero de 2006. Montserrat Tura propone en enero de 2006, siendo consejera de Interior, regular "los servicios sexuales a cambio de remuneración". La prostitución sólo sería posible en locales con licencia, gestionados por las propias trabajadoras en régimen de autogestión o en establecimientos alquilados a terceras personas. Los clientes estarían obligados a utilizar preservativos y los meublés llevarían registro del carnet de identidad de los clientes. El proyecto queda en nada por falta de acuerdo dentro del propio tripartito.
- Junio de 2006. A los seis meses de la entrada en vigor de la ordenanza, el Consistorio hace un primer balance. Se habían impuesto 2.030 sanciones por prostitución; 760 fueron para prostitutas sancionadas por ofrecer sus servicios a menos de 200 metros de un centro escolar; 518 clientes fueron multados por demandar los servicios. La mitad de los clientes pagó la multa en el acto. Sólo 23 sanciones eran por la realización del acto sexual en la calle. Estas multas oscilan entre 1.500 y 3.000 euros.
- Datos de 2007. En 2007, último ejercicio del que hay datos, el Ayuntamiento barcelonés impone 2.937 sanciones por ejercer la prostitución en la vía pública; 874 recaen en clientes. También se impone un centenar de sanciones por ir desnudo, a partir de una denuncia ciudadana ya que la ordenanza no lo prohíbe y se recurre a multar por ofender las convicciones y pautas sobre la convivencia.
- Diciembre de 2007. En 2004, el Consistorio dio cuatro años a los prostíbulos para que se adaptasen a la nueva norma de burdeles. En diciembre de 2007, les concede una moratoria de un año. Hay entonces 202 prostíbulos: 176 no han hecho obra alguna y 26 se han adaptado a la normativa municipal. En ellos trabajan 4.000 personas y se estima en 20.000 el número de prostitutas repartidas entre los locales, pisos y la calle. Un año más tarde, en diciembre de 2008, anula la ordenanza por la imposibilidad de hacerla cumplir. Sólo rige para los locales de nueva creación. Los antiguos basta con que soliciten la licencia, en el caso en que carecieran de ella. La nueva normativa de prostíbulos lleva al cierre de 18 meublés; 13 lo hacen de forma voluntaria al recibir la notificación de que no tienen licencia y 5 son precintados. A otros 14 se les abre expediente por idéntico motivo. La ordenanza municipal obliga a los locales de alterne a no lindar con pisos de vecinos y estar lejos de centros de enseñanza, instituciones públicas e iglesias.
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Fuente:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Fotos/sexo/limites/mueven/elpepiopi/20090906elpepiopi_5/Tes
TRIBUNA: MILAGROS PÉREZ OLIVA
Fotos de sexo: cuando los límites se mueven
En cuestiones de violencia o sexo es difícil fijar una frontera precisa entre rigor y sensacionalismo. Las imágenes de prostitución en la Boqueria causan desazón a algunos lectores
MILAGROS PÉREZ OLIVA 06/09/2009
En el ejercicio del periodismo se plantea con frecuencia un problema de límites, especialmente en el gráfico. ¿Hasta dónde es lícito llegar en la función de "mostrar" la realidad? ¿Cuándo una imagen está justificada y cuándo traspasa la raya del amarillismo, el morbo o el sensacionalismo? Los dos ámbitos en los que la cuestión de los límites se plantea con mayor frecuencia, la violencia y el sexo, son precisamente aquellos en los que es más difícil establecerlos, pues tienen que ver con la sensibilidad, y ésta no sólo es enormemente variada, sino que está en permanente evolución. Los límites se mueven.
EL PAÍS publicó el 1 de septiembre un extenso reportaje titulado Sexo de pago al aire libre y en pleno centro de Barcelona cuyas imágenes han provocado una considerable polémica. Lo encabezaba una gran fotografía a cinco columnas en la que una prostituta era penetrada por un cliente y otra le estaba practicando a otro una felación. En la edición catalana, el reportaje ocupaba tres páginas y contenía varias fotos más de sexo explícito que no aparecían en las otras ediciones, aunque sí en la galería de fotos de la edición digital. Las imágenes, del fotógrafo Edu Bayer, impactaban sobre todo por su crudeza: sexo sórdido a la vista de todos, junto al mercado de la Boqueria. Con la publicación de estas fotografías, ¿ha movido el diario los límites que venía observando en relación a la publicación de imágenes sexuales? Evidentemente, sí. De hecho, es la primera vez que se publican unas fotografías de esa naturaleza. La fotografía más explícita del acto sexual que he encontrado en la hemeroteca se había publicado en mayo de 2004 para ilustrar un reportaje en Tentaciones sobre la estrella de cine pornográfico John Colmes, Mister 35 centímetros; pero en comparación con éstas, aquélla era una imagen edulcorada, en la que los genitales y los pechos de los actores aparecían cubiertos con púdicas estrellitas. La raya se ha movido y eso ha provocado quejas y división de opiniones en la redacción. Está claro que imágenes como éstas no existían hace unos años, o al menos no eran tan visibles. El fenómeno de la prostitución no sólo se está extendiendo y agudizando de forma alarmante, sino que cada vez adquiere mayores cotas de sordidez y explotación de las mujeres.
Eso es lo que pretendía denunciar el reportaje. Numerosos medios de comunicación, incluido EL PAÍS, habían tratado la intolerable degradación del centro de Barcelona, pero ninguno había tenido la más mínima incidencia en las instituciones. Hasta que se publicaron esas fotos. Lo cual indica que hay cosas que, para que la gente se las crea y las autoridades reaccionen, no basta con contarlas. Hay que enseñarlas.Pero hay muchas formas de mostrar. ¿Era necesario que las imágenes fueran tan explícitas? Y si lo que se pretendía era "mostrar" para denunciar, ¿hacía falta tanto despliegue o con una buena foto hubiera sido suficiente? Es cierto que han quedado sin publicar algunas aún más explícitas y más sórdidas. Pero ése es un argumento falaz: cuando en periodismo se sobrepasa un límite, quienes lo hacen suelen argumentar que hubiera podido ser peor. Desde luego. Siempre se puede ir más allá.
Como ya intuían los responsables del diario, la publicación de las fotos ha provocado cartas al director y quejas ante la defensora. No cuestionan la necesidad de la denuncia. Cuestionan las imágenes. Algunos lectores las consideran gratuitas y obscenas, impropias de un diario familiar que puede ser visto por menores. Éste es el argumento en el que inciden Hortensia Aguado, Juan Manuel del Prado, Angélica Pérez y Carolina E. García Ruiz. Otros, como Jaume Berengué o Núria Mayoral, consideran que su publicación es una concesión al amarillismo. "No, no va bien la cosa en su periódico cuando publican (...) esas fotos. Lo siento, pero ése no es mi periódico. Si quiero porquería y amarillismo ya tengo otras opciones, pero como no la quiero, me niego a ser cliente de ese tipo de prensa", escribe el abogado Félix Jurado Escobar. Por su parte, María de la Figuera, catedrática de Lengua y Literatura, se declara escandalizada: "¿No tenían ustedes un Libro de Estilo? Si lo han perdido, en mi mesa de trabajo tengo uno que utilizo para dar clases a mis alumnos". Efectivamente, el Libro de Estilo habla de las fotos, pero no es de mucha ayuda. Su artículo 5.4 dice: "Las fotografías con imágenes desagradables sólo se publicarán cuando añadan información". Pero, ¿qué es desagradable? ¿Qué añade información? De nuevo, como ven, estamos ante la dificultad de situar el límite.
El valor informativo de las fotografías fue lo que decantó la decisión de publicarlas, precisa el director de la edición de Cataluña, Enric Hernàndez. "Entiendo la desazón que pueden haber sentido muchos lectores al contemplarlas; nosotros también la sentimos cuando llegaron a la redacción. Discrepo, sin embargo, de quienes dicen que se vulnera el Libro de Estilo. No es en absoluto común que en el centro de una ciudad se practique el sexo remunerado en plena calle; eso convertía las fotos en noticia. La oposición municipal y los vecinos del Raval venían denunciando estos hechos, pero las autoridades locales los relativizaban o los negaban. La publicación de las fotos ha demostrado que las denuncias eran ciertas y ha obligado a tomar medidas inmediatas y a debatir otras de más alcance". Respecto a la cuestión de los menores, responde: "Aunque EL PAÍS no es un producto pensado para los niños, ésa fue una de las razones por las que publicamos en portada la imagen menos explícita, para que los padres pudieran decidir si sus hijos debían verlas o no. De todos modos, lo que ocurría en la Boqueria estaba a vista de todos, incluidos los adolescentes".
Qué puede escandalizar hoy a un adolescente es otra cuestión en la que los límites se mueven con rapidez, habida cuenta de la facilidad con la que pueden acceder a la pornografía. Pero una cosa es salir a buscar imágenes de sexo y otra encontrárselas en el diario donde, en principio, no se las esperan. Muchos lectores podrán estar de acuerdo, sobre todo después de ver los efectos, en que la publicación de las fotografías pudo estar justificada. Lo que puede haber contribuido a dar la sensación de que se hacía una concesión al sensacionalismo es la reiteración del primer día. Es de subrayar que en los días sucesivos no se han vuelto a publicar fotos de sexo explícito, pese a que el tema ha sido objeto de un extenso seguimiento, lo cual da credibilidad al argumento de que el propósito era denunciar una situación.
Algunos lectores extienden la crítica al tratamiento del problema, que Encarna Carmona resume así: "Esconder lo que no queremos ver". Lo que le preocupa a Amanda Alexanian "no es la publicación de explícitas prácticas sexuales, sino la total indiferencia hacia la dignidad y la integridad de las mujeres que en ella aparecen. (...) Se ha elegido tratar el tema como una cuestión de degradación de la imagen de la ciudad, de indecencia pública, alentando soluciones policiales de limpieza", lo que, en su opinión, distorsiona el problema y contribuye a la persecución de las víctimas, las mujeres forzadas a prostituirse. En ello insisten otros lectores como Eduardo Mandarás y María Jesús Montesino y varias cartas remitidas desde América Latina, como las firmadas por las periodistas Adriana Mújica, Angélica Herrera, Karmen Freixa o Mónica Molina.
La mayoría de estos lectores no ha tenido acceso a todo lo publicado por EL PAÍS. La edición catalana ha publicado hasta el sábado un total de 11 páginas, que abordan todos los aspectos del problema, incluidos los que echan en falta estas lectoras. Lamentablemente, esta información no se ha recogido en otras ediciones y no ha sido tampoco visible para los lectores de la edición digital, dado el largo vericueto que hay que seguir para llegar a los cuadernillos de las ediciones.
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