Sobre el abolicionismo

"La víctima del abolicionismo de la prostitución es diferente, entre otras razones, porque para el abolicionismo de la prostitución sobre las que se proyecta su acción "salvadora" son un mero instrumento o intermediario al que deshumaniza so pretexto de que el objetivo abolicionista es atacar la esencia misma de la comunidad, para obtener su destrucción y su sustitución por la estructura social y política que la ideología abolicionista quiere"

Montse Neira
EL REPORTAJE QUE PUBLICÓ EL PAÍS SEMANAL EL DÍA 3 DE JUNIO DE 2012 LO PODÉIS ENCONTRAR EN EL SIGUIENTE ENLACE:
http://apliweb.uned.es/comunicacion/prensa/ficheros_ver.asp?ID=6040612

y EL LIBRO "UNA MALA MUJER" SE PUEDE YA COMPRAR EN DIGITAL:
www.amabook.com

Hay que sustituir el paradigma basado en las "necesidades" de las personas que ejercen la prostitución por uno nuevo basado en los DERECHOS FUNDAMENTALES y responsabilidad para ejercer su participación en todos los aspectos de la vida comunitaria.

domingo, 14 de septiembre de 2014

La prostitución: una profesión legalizable y dignificable Josep Martí. Artículo de opinión



La prostitución: una profesión legalizable y dignificable


Josep Martí
         
Durante las pasadas vacaciones estivales cayó en mis manos un pequeño artículo sobre la prostitución firmado por la socióloga Eulàlia Solé[1] en el que se reflejaba la mentalidad socialmente generalizada sobre esta problemática. El artículo me produjo una cierta indignación, pero no por su contenido, sino por el hecho de que fuese una profesional de la sociología su responsable, limitándose, en lugar de reflexionar, a asumir de manera plena y acrítica los valores sociales imperantes. Se condenaba la prostitución y a los que la ejercen ignorando que la causa verdadera del problema radica precisamente en la vigencia de estos valores sociales.
          En el citado artículo, Eulàlia Solé rechazaba de plano la idea de legalizar la prostitución. Entendiéndola como surgida de la trata de blancas, abuso de menores, la explotación por parte de los proxenetas, la violación sexual, el hambre o la drogodependencia, se infería que "resulta moral y jurídicamente  inaceptable" su legalización. En otra parte del artículo, se manifestaba ingenuamente que antes de pensar en la legalización de la prostitución habría que lograr que la sociedad pudiese ofrecer un trabajo digno y remunerado a toda mujer que lo desease.
          Este tipo de argumentación, además de no representar ningún avance para la comprensión de los problemas que implican la práctica de la prostitución, pone claramente de manifiesto la ignorancia social -real o fingida- sobre la naturaleza de la problemática. En relación a la condena que sufre la prostitución  hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales: a) La equiparación del ejercicio de la prostitución a una serie de efectos colaterales claramente censurables como la explotación, el abuso de menores o el comportamiento delictivo de los "protectores". b) El poco interés en dignificar una profesión que como tantas otras no hace sino satisfacer necesidades y proporcionar un medio de vida a quienes la practican.
          Por lo que se refiere al primer aspecto de la problemática, resulta claro que todos estos fenómenos negativos que acompañan el ejercicio de la prostitución no se deben a ella en sí misma sino a la ausencia de un corpus legislativo que la regule. Parecidos abusos eran asimismo moneda corriente en los inicios de la revolución industrial, cuando se explotaba en las fábricas a hombres, mujeres y niños. Mientras no se considere legal la prostitución, la sociedad no se preocupará de aplicarle las mismas condiciones que son válidas para el mundo laboral legalmente establecido.
          Pero íntimamente relacionado con el punto anterior se encuentra lo que yo creo que es el aspecto más importante de la cuestión. La idea propia de nuestra sociedad de considerar la prostitución como una práctica baja e indeseable. Aquí entramos ya en el ámbito de los valores, y como sabemos, no hay nunca valores que sean absolutos e inmutables. Es un hecho que nuestra sociedad considera la prostitución indigna, de manera que aquellos que la practican, a efectos prácticos, devienen verdaderos parias de nuestra sociedad. Pero nadie nos dice que ello tenga que ser desde siempre y para siempre forzosamente así. El ámbito de los valores surge como producto de la elaboración cultural de los datos que nos proporciona la experiencia. Se trata de elecciones culturales realizadas a lo largo de la historia que, como tantas otras cosas, pueden y en ocasiones deben ser replanteadas. La antropología nos ofrece un sinnúmero de ejemplos para la arbitrariedad de tantas costumbres y valores humanos. Basta que pensemos en el ámbito del pudor o el de la alimentación. El uso del velo femenino en las culturas islámicas o la misma evolución histórica del traje de baño en occidente nos demuestran la versatilidad a través del tiempo y del espacio de lo que se considera bueno o malo en materia de pudor corporal. Por lo que se refiere a los hábitos alimenticios, sabemos que hay culturas que devoran con deleite el pescado crudo, determinados gusanos, carne en estado de putrefacción u hormigas. Si el español se horroriza ante la idea de tener que consumir tales manjares, por otra parte no tiene reparo alguno en otorgar al conejo un puesto de honor en la mesa, algo que todo inglés que se precie considera abominable.
          Toda cultura se ha ido forjando, pues, sus propias reglas y valores. La colectividad inventa las reglas e inventa también los valores sobre los que aparentemente se sostienen. En ocasiones, los códigos culturales son el reflejo de la forzosa interacción de la sociedad con su ecosistema, en otras son tan solo el producto de la necesidad social de contar con unas reglas por razones de identidad. La coherencia grupal y el funcionamiento del sistema deben mucho a estas reglas y valores aparentemente arbitrarios para el observador ajeno a la cultura. En este caso estas reglas serán más importantes por ellas mismas que, de hecho, por lo que puedan llegar a permitir o prohibir. Es decir, aquello que interesa en primer lugar es que existan reglas; aquí podemos hablar ya de una cierta arbitrariedad. Como resulta evidente, no debemos considerar negativamente ya por principio todo aquello que la cultura nos ha impuesto más o menos de manera arbitraria a lo largo de los siglos. Hoy por hoy, no veo la necesidad de iniciar una gran cruzada contra el hábito de usar los tan antinaturales bañadores en las playas o contra la repulsión -culturalmente adquirida- que sentimos los occidentales a alimentarnos de ciertos alimentos que para otras sociedades pueden ser muy apreciados. Pero cuando estos valores asumidos a lo largo de la práctica cultural de muchas generaciones implican injusticia social o una postura incoherente con la realidad que nos envuelve, entonces sí que emerge la necesidad de hacer un replanteamiento de los parámetros que regulan nuestra existencia. La cultura, a través de los códigos y valores que establece, determina nuestra vida, pero es la especie humana al fin y al cabo la única responsable de forjar esta cultura. Somos nosotros los que decidimos si es bueno o malo segar vidas humanas, si es o no aceptable discriminar por el color de la piel o si es o no permisible mantener relaciones sexuales fuera de la institución matrimonial. Un somero repaso de nuestra historia basta perfectamente para dar una idea de la ductilidad de estos valores. Que es posible cambiar la visión tan negativa que se tiene de la prostitución lo prueba el hecho de que no todas las culturas han censurado las relaciones carnales al margen de la familia o del amor. Sabemos, por ejemplo, que en la antigüedad grecoromana habían sacerdotisas que se prostituían como ejercicio de santidad para bien de su templo; y es harto conocida la tradición de algunos pueblos en la que se estipula ofrecer confort sexual a los visitantes que llegan de lejos como muestra de hospitalidad.
          La prostitución implica la satisfacción sexual de un/a cliente bajo criterios mercantiles. Que se trata de una profesión socialmente "útil" lo pone en evidencia su misma existencia; véanse si no las páginas de anuncios de los periódicos, por cierto, uno de los mejores barómetros de nuestra sociedad. Los usos sociales que regulan las posibilidades de relación sexual permisibles y no mercantiles entre los individuos de nuestra cultura son a todas luces incapaces de garantizar la realización personal en este sentido de una buena parte de los  miembros de la sociedad. La escritora Eulàlia Solé planteaba en su artículo la necesidad de que el sexo masculino estuviese dispuesto a renunciar a sus derechos y a satisfacer sus  "urgencias" (sic) por cauces ni mercantiles ni violentos para así poder acabar con la prostitución. De acuerdo no obstante con los valores imperantes en nuestra sociedad relativos a la práctica de la sexualidad, ¿cuáles son estos cauces de los que nos habla la escritora? El modelo de sociedad samoana caracterizado por una gran libertad sexual no es precisamente el nuestro. Si la institución del matrimonio así como otros recursos socialmente aceptados no bastan para la satisfacción de las necesidades de parte de la población, bienvenida sea, pues, la prostitución.
          Parece ser que nuestra sociedad aún no ha llegado a ser consciente de que la prostitución es precisamente la solución que históricamente ha escogido no tan sólo para poder ofrecer un recurso más de satisfacción sexual a sus miembros, sino también para poder dar estabilidad al matrimonio y con ello proteger a la familia, pieza fundamental de nuestra vida colectiva. Así, de facto, se opone la familia al mundo de la prostitución. Si la primera está marcada por el sello de la sacralidad -recordemos que existe el sacramento del matrimonio- la prostitución, por lógica estructural, debe estar marcada por el de la indignidad. Un mero juego de arbitrio cultural que contribuye al mantenimiento del sistema. No obstante, lo perverso de este sistema axiológico que tan útil se ha manifestado a lo largo de la historia reside en el hecho de que al declarar indigna la prostitución, se condena al mismo tiempo a todo un colectivo que, de hecho, no es sino una parte más del engranaje.                    
          La injusta realidad de la prostitución es similar a otras muchas problemáticas surgidas de la arbitrariedad de la cultura. En el Japón tradicional, en el que por razones religiosas se consideraba impuro todo contacto con cadáveres, existían castas marginadas una de cuyas principales funciones consistía en ejercer oficios relacionados con la muerte y los cadáveres: eran los enterradores, los matarifes, los artesanos del cuero, etc. Hoy día, los descendientes de estas personas a los que se conoce con el nombre de burakumin siguen siendo despreciados y sufren una injusta discriminación que les condena  a la endogamia y al rechazo social[2]. Se trata de una problemática poco conocida fuera de las fronteras del Japón que afecta a unos tres millones de ciudadanos. Los burakumin continúan en muy buena parte ejerciendo las profesiones "indignas" de sus antepasados, profesiones necesarias para la sociedad japonesa pero que cuyo ejercicio despierta hoy todavía el horror de muchos connacionales. Requerir por una parte sus servicios y por la otra despreciarlos por el ejercicio de estas mismas profesiones no es tan sólo incoherente sino socialmente injusto y brutal. Al europeo puede parecerle totalmente injustificado que se pueda considerar impuro a un grupo y que se le recrimine el ejercicio de profesiones tales como las mencionadas -tan necesarias para la sociedad japonesa como para la occidental- y que como consecuencia los burakumin sean víctimas de una fuerte discriminación en muchos ámbitos de la vida social. Pero por otra parte, estos mismos europeos hacen algo parecido al considerar despreciable la práctica de la prostitución.
          Hasta ahora se considera reprobable dar el propio cuerpo por razones ajenas al amor institucionalizado. Nadie nos dice no obstante que no podamos modificar esta visión si a cambio vislumbramos un beneficio social. La idea de la relatividad cultural aplicada a los valores no postula su inexistencia sino que implica sencillamente que es el ser humano al fin y al cabo quien decide sobre la pertinencia o no de estos valores. Más importante que los cánones establecidos sobre moralidad sexual me parecen los valores de respeto a la persona. Dar el propio cuerpo por razones ajenas al amor no tiene que ser reprobable siempre que no exista engaño y siempre que la persona que así lo disponga reciba a cambio un beneficio que ella misma considere satisfactorio por la acción realizada. En el artículo antes mencionado de Eulàlia Solé salía claramente a relucir que el ejercicio de la prostitución ocupa el grado más bajo de la escala de las posibles actividades laborales. Pero si tan necesario consideramos jerarquizar, resulta más inteligente creer en criterios de "utilidad social" como eje valorativo, antes que en los tradicionales criterios de moralidad sexual típicamente esgrimidos por nuestra sociedad cristiana. Según esta perspectiva, podemos estar seguros que la prostitución no ocuparía ni mucho menos los últimos lugares del ranking. Además, nos tendremos que ir acostumbrando poco a poco a no hablar tan sólo de "urgencias masculinas". Existe una prostitución femenina pero también existe una prostitución masculina destinada a satisfacer "urgencias femeninas". Y si hasta el momento ésta se manifiesta en menor medida que la primera es también en muy buena parte -a no ser que se crea en dudosos determinismos biológicos- a razones socioculturales. Es evidente que uno de los diferentes recursos para garantizar el dominio del hombre sobre la mujer es el de negarle estas urgencias. Si participamos de esta ideología contribuimos al androcentrismo que tan fuertemente ha marcado y sigue marcando nuestra sociedad. Si continuamos considerando indigna una profesión que ejerce sus funciones hasta el momento socialmente necesarias, contribuimos a perpetuar la situación injusta de un colectivo que no se merece la condición de marginalidad que se  le impone.                                                      
          El ejercicio de la reflexión colectiva es algo que ha caracterizado la especie humana desde sus inicios, y es a través de esta reflexión lo que permitirá que en un tiempo no muy lejano la prostitución acabe siendo considerada una profesión tan digna como las otras. Que no será ni un proceso fácil ni posiblemente alcanzable por una sola generación resulta evidente. Una cosa es la solución racional del problema y otra poder modificar una determinada manera de sentir que ha sido machaconamente inculcada a través de la enculturación a lo largo de la historia. De momento se pide su legalización aunque aún se  tropiece con una voluntad social hipócrita que desea seguir creyendo en su amoralidad y en la calidad de parias de sus profesionales. Pero al mismo tiempo, debemos luchar por conseguir  algo mucho más importante: su dignificación.



    [1] La Vanguardia, 7.8.1996, p. 11
[2] Véase J. Martí, “Los burakumin, en la sociedad japonesa”, Revista Interna­cional de Sociología 16, 1997, pp. 183-203.                                                

miércoles, 10 de septiembre de 2014

RONALD WEITZER ante la Asamblea de Irlanda del Norte. debate sobre prostitución

 Las personas que ejercemos la prostitución sabemos y somos conocedoras de las diferentes realidades que se dan dentro de la prostitución, y no nos hace falta constatarlo en estudios empíricos, lo que hay que hacer es escucharnos a nosotras. En cualquier país del muno se tiene que conocer nuestro testimonio. Efectivamente, no es la prostitución per se, el objetivo a eliminar. Hay que eliminar a los empleadores, a las personas corruptas, y reconocer los derechos fundamentales d elas personas que intercambiamos sexo por dinero. Los clientes, la gran mayoría, no quiere estar con esclavas, y efectivamente, la Ley sueca, abolicionista, no pretendía terminar con la trata, sino que su objetivo mayoritario es criminalizar a los hombres, por el simple hecho de querer tener sexo, realmente a las abolicionistas no les importamos las prostitutas, ni lo que sea de nosotras sino ejercemos la prostitución. Interesa seguir ejerciendo un control brutal contra las que somos pobres.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::




07 de octubre 2013

Para: Comisión de Justicia, Asamblea de Irlanda del Norte
De: RONALD WEITZER (Profesor de la Universidad George Washington, EE.UU.)
Agradezco esta oportunidad para presentar pruebas a la Comisión de Justicia con respecto a la
Trata de Personas y la Explotación Bill, 2013 Soy un experto reconocido internacionalmente
sobre la trata de personas, así como en el comercio sexual, y he llevado a cabo la investigación y el
publicado varios análisis de las leyes y políticas estadounidenses y europeas en materia de
trata de personas, así como las convenciones internacionales y de política instrumentos.
Yo soy el co-editor de un volumen especial, se centra en la trata de personas, que será publicado por
las prestigiosas Anales de la Academia Americana de Ciencias Políticas y Sociales
(de próxima aparición, mayo 2014). El volumen contiene 13 artículos basados en investigaciones empíricas estudios tanto de mano de obra y el tráfico sexual en diferentes partes del mundo.
Cláusula 6:
Si se aprueba, la cláusula 6 proporcionaría nuevas sanciones dirigidas a los clientes de las trabajadoras sexuales. Es penaliza la compra de servicios sexuales de una persona mayor de 18 años.
(1) En primer lugar, la cláusula 6 ofrece ninguna definición de "servicios sexuales." Esta es una grave
deficiencia. No proporciona a las autoridades con la definición operacional necesaria
de hacer cumplir la ley, ya que hay una amplia gama de actividades que podrían caer bajo el
Rúbrica "servicio sexual".
(2) En segundo lugar, la exposición de motivos del proyecto de ley establece que el motivo fundamental para
Cláusula 6 es "reducir la demanda de la trata." Este razonamiento parece confundir
demanda de los clientes de servicios sexuales con una "demanda" de tráfico. No hay absolutamente ninguna
evidencia de que los clientes de las trabajadoras sexuales están buscando personas objeto de trata para un comercial
intercambio. De hecho, la investigación entrevista con los propios clientes ha encontrado que son
absolutamente no está interesado en los servicios de alguien que ha sido objeto de trata o de otro tipo
abusado. La criminalización de los clientes de las trabajadoras sexuales no es, pese a las afirmaciones algunos activistas, de manera
para hacer frente a la trata, pero el proyecto de ley parece confundir la demanda de servicios sexuales con
la demanda de la trata.
Un enfoque muy diferente para combatir el tráfico es centrarse en la demanda de los empleadores para mano de obra barata, de todo tipo, no sólo los servicios sexuales. Esto pondría el foco cumplimiento de los empleadores, en lugar de los clientes. Es de destacar que tanto en la Internacional Organización del Trabajo y el Gobierno de Estados Unidos han llegado a la conclusión de que el tráfico de mano de obra es mucho más frecuente a nivel internacional de la trata sexual (trata laboral es 9 veces más frecuente según la OIT). El informe de la OIT señala: "Obligados sexual comercial explotación representa el 11 por ciento de todos los casos "de trabajo forzoso en todo el mundo - una novena parte  del total.
1 Y Tráfico del Departamento de Estado de EE.UU. de Personas de 2010 establece
inequívocamente que "la mayoría de la trata de personas en el mundo tiene la forma de
trabajo forzado ".
2 Sin embargo, la cláusula 6 se refiere exclusivamente a los clientes de servicios sexuales.
(3) En tercer lugar, pese a las afirmaciones hechas comúnmente-, que penaliza los clientes no es una forma eficaz de frente a la trata de personas. De hecho, puede ser bastante contraproducente. Criminalización puede hacer que sea más difícil de identificar y asistir a las víctimas. En algunos de los países donde
la prostitución se ha despenalizado y está legalmente regulado por el gobierno,
mecanismos se han establecido para animar a los clientes a reportar cualquier sospecha de que un
particular, trabajadora sexual ha sido objeto de abusos - a través de líneas telefónicas de emergencia, una sección de un cliente basado-foro de discusión en Internet, etc Criminalizar clientes los hace menos propensos a denunciar los casos aparentes de abuso a las autoridades. A medida que el PSNI han señalado, los informes de los clientes a la policía u otras agencias pueden facilitar la identificación de las víctimas de trata. esta fuente de la información se secaría eran este proyecto sea aprobado.
(4) En cuarto lugar, la ley sueca de 1999 (que penaliza los clientes) no fue pensado originalmente para combatir la trata de personas. En cambio, fue un esfuerzo consciente por activistas y algunos
los funcionarios del gobierno para criminalizar la prostitución. Además, en contraste con las opiniones de los personas que creen que el enfoque sueco (clientes) que penalizan tiene éxito,
la evidencia para esta proclamado el "éxito" es delgada en el mejor. De hecho, el más grave
evaluaciones de la ley sueca concluyen que la ley ha sido ineficaces o contraproducente. La Junta Nacional de Salud y Bienestar (Socialstyrelsen) tiene
producidos tres evaluaciones de los efectos de la ley (2000, 2004, 2007), ninguno de los cuales se encuentran evidencia de que la ley había logrado sus objetivos. El informe de 2007 reveló que la calle
la prostitución ha aumentado después de una disminución inicial, y que muchos clientes y el sexo
trabajadores estaban utilizando cada vez más los teléfonos móviles y la Internet para establecer reuniones.
Casi al mismo tiempo, sólo el 20% de los suecos cree que la ley de 1999 había sido un
éxito. Las reclamaciones relativas a "éxito" de la ley han sido criticados por ser especulativo,
anecdótica, y carente de evidence.
3 apoyo sólido
(5) En quinto lugar, es importante que el Comité examine una gama más amplia de las naciones, no
sólo Suecia o el Reino Unido. Hay varios marcos en lugar de todo el mundo para
reglamentación de la prostitución y para hacer frente a la trata de personas, la evidencia que puede ser
1
Organización Internacional del Trabajo, Una alianza global contra el trabajo forzoso. Ginebra, 2005, página 12.
2
Departamento de Estado de Estados Unidos, Trafficking in Persons Report, 2010 Washington, DC, 2010, página 8.
3
Ann Jordan, "La Ley sueca para tipificar a los clientes: un experimento fallido en Ingeniería Social"
Issue Paper 4, Centro de Derechos Humanos y Derecho Humanitario, American University, Washington, DC,
2012;
May-Len Skilbrei y Charlotta Holmstrom, Política Prostitución en la región nórdica, Ashgate, 2013;
"La Ley de Compra Sex sueca Susanne Dodillet y Petra Ostergren,: Reclamado éxito y documentada
Efectos, "Apéndice 3 en el informe final del Estudio Internacional Comparativo sobre Política de prostitución,
Plataforma 31, La Haya, 2013;
Arthur Gould, "La criminalización de la compra de sexo: La política de la prostitución en Suecia," Journal of
Política Social, v.30 (2001): 437 a 456,3
consultado para proporcionar una cuenta de mucho más amplio de las diversas formas en que
gobiernos que actualmente están regulando el comercio sexual.
4
Otra evidencia:
Hay muchos mitos acerca tanto trata de personas y el comercio sexual. Gunilla
Ekberg, un opositor de todo el comercio sexual, recientemente dio testimonio en relación con este proyecto de ley.
En su testimonio, la señora Ekberg afirma que "el 97%" de las trabajadoras sexuales son víctimas y que sólo "algunos individuos" venden sexo voluntariamente. Ella puede hacer esta afirmación porque considera toda la prostitución sea intrínsecamente "violencia sexual" (para usar su término), pero la demanda es absolutamente no apoyada por la evidencia de múltiples estudios de investigación.
5 No lo hacemos sabemos con precisión cuántas personas venden sexo voluntariamente, pero sí sabemos que la cifra es mucho mayor que 3% y también que las generalizaciones acerca de la ideológicas radicales las condiciones de trabajo homogéneas y las vidas de los trabajadores del sexo son ficticios.
La investigación muestra que la prostitución se extiende sobre un amplio continuo e implica una amplia variedad de razones para la entrada, condiciones de trabajo, las relaciones con los clientes, las relaciones con terceros, así como las experiencias de los trabajadores en hacer este tipo de trabajo. estas experiencias
gama de negativo a positivo a mixta. Por otra parte, muchas trabajadoras sexuales trabajan
independiente (no para los proxenetas); muchos se trasladan de un lugar a otro por su cuenta (no porque un traficante controla su movilidad); Muchos venden sexo a tiempo parcial y tienen otros trabajos también; muchos no fueron abusados cuando eran niños, no son adictos a las drogas, y no entró en la prostitución porque eran económicamente desesperada.
Prostitución políticas deben basarse en el reconocimiento de la diversidad sustancial dentro
este sector, no se basa en generalizaciones simplistas con respecto a la totalidad o la mayoría de los trabajadores del sexo.
La prostitución callejera, por ejemplo, toma una forma muy diferente a la prostitución de interior, y
que es posible tener una doble o de doble vía política con respecto a los dos tipos, que tengo
4
May-Len Skilbrei y Charlotta Holmstrom, Política Prostitución en la región nórdica, Ashgate, 2013;
Ronald Weitzer, prostitución Legalizar: Desde Ilícito Vicepresidente Legal de negocios [libro basado en la investigación en
tres naciones europeas]. New York University Press, 2012;
Gillian Abel, Lisa Fitzgerald, y Catherine Healy, Tomar la salida Delito de Trabajo Sexual [libro sobre Nueva
Regulación de Zelanda legal de la prostitución, aprobada en 2003]. Policy Press, 2010;
Geentanjali Gangoli y Nicole Westmarland, Internacional Enfoques para la prostitución, Policy Press,
2006;
Informe Final del Estudio Internacional Comparativo sobre Política Prostitución, Plataforma 31, La Haya, 2013.
5
Ine Vanwesenbeeck, "otra década de trabajo social científico de la prostitución," Annual Review of Sex
Investigación, v.12 (2001): 242-289;
Christine Harcourt y Basilio Donovan, "Las muchas caras de Trabajo Sexual," infecciones de transmisión sexual,
V.81 (2005): 201-206.
Ronald Weitzer, "Prostitución: Hechos y Ficciones," Contextos, v.6 (Otoño 2007): 28-33;
Ronald Weitzer, "Sociología del Trabajo Sexual," Annual Review of Sociology, v.35 (2009): 213-234;
Ronald Weitzer, "La Mitología de la prostitución: Promoción de Investigación y Política Pública," Sexualidad
Investigación y Política Social, v.7 (2010): 15 a 29,4
abogado por los Estados Unidos.6
Este es sólo un ejemplo, sin embargo, de la necesidad de
firmemente tierra leyes y políticas públicas en evidencias concretas de las ciencias sociales en lugar de la reclamos de los activistas partidistas.
Los mismos puntos se pueden hacer con respecto a las políticas sobre la trata de personas. La gran mayoría de la cobertura de los medios de comunicación y debate de políticas públicas se ha centrado en el tráfico sexual exclusivamente, a pesar de que el tráfico de mano de obra es un problema social mucho más grande a nivel internacional. es fundamental que las nuevas leyes contra la trata estén basadas en la evidencia y debidamente centrado en la Arenas ocupacionales en los que el tráfico se produce con más frecuencia, de acuerdo con propuestas avanzaron en algunos assessments.
7 académica líder
Tales escenarios incluyen la agricultura, la manufactura, la pesca, el servicio doméstico, la minería, y otros tipos de trabajo.
Las agencias internacionales del gobierno de EE.UU. y varios (OIT, la OIM, de las Naciones Unidas)
han empezado a centrarse más actividades de atención, recursos, y de aplicación en
la lucha contra la trata de personas y abusos en estas esferas de trabajo, un cambio que podría ser
apropiarse en el Reino Unido también.
RONALD WEITZER
Profesor de Sociología de la Universidad George Washington
Washington, DC EE.UU.
6
Ronald Weitzer, "Control de la Prostitución en América: Repensando la Política Pública," Crimen, Derecho, y Social

lunes, 8 de septiembre de 2014

Sobre prostitución. Jornadas internacionales

Descripción:

La biblioteca Casa de las Conchas es sede de la reunión bianual que celebra la red internacional de investigación Comparing European Prostitution Policies: Understanding Scales and Cultures of Governance (ProsPol). Dicha red de investigación forma parte de una acción financiada por COST (European cooperation in Science and Technology) que tiene como objetivo principal comparar y diseminar información acerca de los múltiples contextos, características y efectos de las políticas de prostitución en los países europeos, así como a nivel local.
  • Jueves 11
    14:30 - 16:30 h. Sesión plenaria/ Plenary sesión (en inglés) por Judith Walkowitz (Johns Hopkins University) y Magaly Rodríguez García (Vrije Universiteit Brussel).
    17:00 - 18:00 h. Discusión y conclusiones/ Discussants’ responses (en inglés)
  • Viernes 12
    20:00 h.
    Proyección de Normal (65 m.) 2010 de Nick Mai. (V.O. en inglés con subt. en italiano). Con la presencia del director
  • Sábado 13
    10:00 - 11:30 h.
    Políticas de prostitución en España/ Panel on prostitution policies in Spain (en inglés)
  • Lunes 15
    20:00 h.
    Ciclo cine y prostitución
  • Martes 16
    20:00 h.
    Ciclo cine y prostitución
  • Jueves 18
    20:00 h.
    Dejarse hablar. Debate: Prostitución: elección o violencia, moderada por Andrea Gutiérrez (miembro del Comité de Gestión de ProsPol Comparing European Prostitution Policies)
  • Lunes 22
    20:00 h.
    Ciclo cine y prostitución
  • Martes 23
    20:00 h.
    Ciclo cine y prostitución

 http://www.bibliotecas.jcyl.es/web/jcyl/BibliotecaSalamanca/es/Plantilla100Detalle/1284212879599/sholette%20gregory/1284357155434/Comunicacion

domingo, 7 de septiembre de 2014

"De amores y sexo de pago:desvelando otras relaciones en el ámbito de la prostitución". Isabel Holgado y Montse Neira

http://digital.publicacionsurv.cat/index.php/purv/catalog/book/123

En este enlace está el acta del artículo que presente en el XIII Congreso de Antropologia de la FAAEE. "De amores y sexo de pago:desvelando otras relaciones en el ámbito de la prostitución"


Taller de prevención de riesgos para trabajadoras sexuales que se publicitan en Girls BCN.

http://girlsbcn.info/taller-prevencion-riesgos-trabajo-sexual/

GirlsBCN desea ofrecer periódicamente gratuitamente a sus anunciantes un taller de prevención de riesgos en el trabajo sexual.
El taller está dirigido y dinamizado por Montse Neira, trabajadora sexual con 25 años de experiencia, en todos los ámbitos de prostitución -menos calle- y todas las horquillas de precios. Por cuenta ajena y desde el año 1995 como independiente.
Asimismo, es activista pro derechos del trabajo sexual e investigadora social independiente, ha publicado diferentes artículos en revistas feministas y de ciencias sociales, y es autora del libro “Una mala mujer” editado por Plataforma Editorial.
El contenido de dicho taller es el siguiente:

Introducción

El ejercicio del trabajo sexual, de la misma manera que prácticamente todas las profesiones y oficios, presenta numerosos riesgos, no son únicos y exclusivos al desarrollo de éste, y pone en peligro, la integridad física y psíquica; además, el hecho de que socialmente no esté reconocido (el trabajo sexual) y que se tenga que ejercer en clandestinidad, hace que las personas que ejercemos seamos más vulnerables. Ciertamente el riesgo cero no existe, pero con unas pautas/reglas a tener en cuenta, se puede reducir casi, casi al 100%.

Metodología:

Taller participativo, conoceremos casos reales y supuestos y se analizarán. La idea es la participación activa y la aportación de ideas, además de las que aportará la dinamizadora del grupo, que empoderen y se cree la seguridad necesaria, para todo ello trabajaremos sobre los tres ejes importantes:
  1. Identificar las situaciones de riesgo y las herramientas que tenemos –físicas, psicológicas y emocionales- para afrontar las situaciones que ponen en peligro la integridad física y psíquica de las personas que ejercen el trabajo sexual y evitarlas.
  2. El estigma (factor determinante que nos hace vulnerables)
  3. Si la agresión, amenaza, se lleva a término ¿qué hacer?
La duración de los talleres son de 4 horas con 15 minutos de descanso y se realizarán los sábados por la mañana. El número máximo de asistentes son 15 personas y en principio sólo se impartirán en Barcelona.
Si estás interesada en asistir a uno de estos talleres, por favor, ponte en contacto con nosotros a nuestro teléfono habitual o enviándonos un mail a:   enrol@girlsbcn.com. Te informaremos de fechas y disponibilidad de plazas.

¿Prostitución, trata o trabajo?. Marta Lamas. Trabajo de investigación


 http://www.nexos.com.mx/?p=22354

“Todo lo que nos incomoda nos permite definirnos”.
—Cioran
En 1989 empecé una relación de acompañamiento político a unas trabajadoras sexuales de vía pública en la ciudad de México, que después derivó en la realización de una investigación antropológica sobre algunos aspectos de sus vivencias y su organización del trabajo.1 De entonces a la fecha he visto cambios sorprendentes en cómo se habla y discute sobre el comercio sexual. En especial, me impacta que la propuesta de reglamentación del trabajo sexual se ha ido transformando en un alegato a favor de su total erradicación. En estas páginas intento aclarar mi posición, ante la postura de quienes insisten en “abolir” toda forma de comercio sexual, usando como excusa el combate a la trata.

Prostitución es un término que únicamente alude de manera denigratoria a quien vende servicios sexuales, mientras que comercio sexual da cuenta del proceso de compra-venta, que incluye también al cliente. Respecto a esta actividad persisten dos paradigmas: uno es el que considera que la explotación, la denigración y la violencia contra las mujeres son inherentes al comercio sexual y por lo tanto habría que abolir dicha práctica, y otro el que plantea que tal actividad tiene un rango de formas variadas de desempeño que deberían regularse así como reconocerse los derechos laborales de quienes se dedican a ella.2
A pesar de que a lo largo de los últimos 30 años muchas trabajadoras3 han reivindicado su quehacer como una cuestión laboral, desarrollando diversas estrategias para obtener derechos correspondientes, en la última década se ha multiplicado una perspectiva que califica a todas las mujeres que trabajan en el comercio sexual de “víctimas”. Hoy en día es patente el crecimiento y la expansión del comercio sexual, lo que expresa no sólo un fenómeno económico sino también una transformación cultural. Este notorio aumento viene de la mano de la liberalización de las costumbres sexuales y de la desregulación neoliberal de los mercados, que han permitido la expansión de las industrias sexuales como nunca antes, con una proliferación de nuevos productos y servicios sexuales: shows de sexo en vivo, masajes eróticos, table dance y strippers, servicios de acompañamiento (escorts), sexo telefónico y turismo sexual. Aunque la droga y el SIDA la han impactado dramáticamente, la industria mundial del sexo se ha convertido en un gran empleador de millones de personas que trabajan en ella, y que atraen igualmente a millones de clientes. Los empresarios tienen agencias de reclutamiento y sus operadores vinculan a los clubes y burdeles locales en varias partes del mundo, en un paralelismo con las empresas transnacionales de la economía formal. Y al igual que éstas, algunas se dedican a negocios criminales, como el mercado negro de la trata.
Las feministas que han reflexionado sobre el tema están divididas al respecto: hay quienes subrayan la autonomía en la toma de tal “decisión” mientras que del otro lado están quienes insisten en la “explotación” y coerción. Ahora bien, no son excluyentes: puede haber decisión y explotación, autonomía para ciertos aspectos y coerción para otros (Widdows 2013). Unas feministas argumentan que ninguna mujer “elige” prostituirse, que siempre son engañadas u orilladas por traumas infantiles de abuso sexual; otras aseguran que la mayoría lleva a cabo un análisis del panorama laboral y toma la opción de un ingreso superior a las demás posibilidades que están a su alcance. “Elegir” en este caso no implica una total autonomía, ni siquiera supone optar entre dos cosas equiparables, sino preferir, no un bien, sino el menor de los males.
En México en el contexto de la precarización laboral (el desempleo, la ausencia de una cobertura de seguridad social y la miserabilidad de los salarios) la llamada “prostitución” es una forma importante de subsistencia para muchas mujeres. Es un hecho que las necesidades económicas llevan a la gente sin recursos a hacer todo tipo de cosas, incluso algunas muy desagradables, como limpiar excusados o trabajar en los camiones de basura. La coerción económica es fundamental.4 Anne Phillips (2013a) dice que hay algo en el uso de las partes íntimas del cuerpo que vuelve la presión del dinero inaceptablemente coercitiva en el caso de la prostitución mientras que Martha Nussbaum (1999) señala que la compulsión económica es problemática, pero que la presión del dinero no se vuelve más coercitiva o inaceptablemente coercitiva sólo porque conduzca a un acceso íntimo en el cuerpo. Como las mujeres están ubicadas en lugares sociales distintos, con formaciones diferentes y con capitales sociales diversos, en ciertos casos el trabajo sexual puede ser una opción elegida por lo empoderante y liberador que resulta ganar buen dinero, mientras que en otros casos se reduce a una situación de una precaria sobrevivencia, vivida con culpa y vergüenza. Además, así como muchas mujeres ingresan por necesidad económica, otras son inducidas por la droga, y viven situaciones espantosas. Sin embargo, no hay que olvidar que también hay quienes realizan una fría valoración del mercado laboral y usan la estrategia de vender sexo para moverse de lugar, para independizarse, incluso para pagarse una carrera universitaria o echar a andar un negocio.
El trabajo sexual es la actividad mejor pagada que encuentran cientos de miles de mujeres en nuestro país, y más que un claro contraste entre trabajo libre y trabajo forzado, existe un continuum de relativa libertad y coerción. Y, al mismo tiempo que existe el problema de la trata aberrante y criminal con mujeres secuestradas o engañadas, también existe un comercio donde las mujeres entran y salen libremente, y donde algunas llegan a hacerse de un capital, a impulsar a otros miembros de la familia e incluso a casarse. Por eso, “quienes sostienen que es un trabajo que ofrece ventajas económicas tienen razón, pero no en todos los casos, y quienes insisten en que la prostitución es violencia contra las mujeres, también tienen razón, pero no en todos los casos” (Bernstein 1999: 117).
Aunque desde la perspectiva del liberalismo político no hay razón para estar en contra del comercio sexual mientras lo que cada quien haga con su cuerpo sea libremente decidido, muchas personas consideran que el comercio sexual es de un orden distinto de otras transacciones mercantiles. La venta de servicios sexuales ofende, irrita o escandaliza de una manera diferente que la situación de otras mujeres que venden su fuerza de trabajo, en ocasiones en condiciones deleznables, como las obreras de la maquila, las empleadas domésticas, incluso algunas meseras, enfermeras y secretarias. Cuando se denuncia la “explotación” de las trabajadoras sexuales no se menciona siquiera a tantas otras trabajadoras que también son explotadas. Muchas personas ven la “prostitución” como la degradación a la dignidad de la mujer. Pero no hay reacciones tan indignadas o escandalizadas ante formas aberrantes de explotación de la fuerza de trabajo en otro tipo de industrias. Tal vez porque lo que más molesta de la “prostitución” voluntaria es que atenta contra el modelo de feminidad.5
Sí, la prostitución femenina subvierte el paradigma de castidad y recato inherente a la feminidad (Leites 1990). Jo Doezema ha planteado que la distinción entre prostitución “forzada” y “voluntaria” reproduce la división entre “putas” y “santas” dentro de la propia categoría de prostituta, siendo la “puta” la que se dedica voluntariamente a dicha actividad mientras la “santa” es la forzada y, al ser una “víctima”, queda exonerada de ser despreciada (1998: 41). Como la expectativa cultural respecto de la sexualidad de las mujeres es que solamente tengan sexo dentro del marco de una relación amorosa (por lo que también se rechaza que las mujeres tengan sexo casual con “desconocidos”, aunque no cobren) la mayoría de las trabajadoras tiene dificultades para asumirse públicamente como tales. No obstante, algunas trabajadoras sexuales han caracterizado la prostitución como un acto transgresor y liberador.6 Lo que provoca el estigma, y muchas de las dificultades y discriminaciones que enfrentan las trabajadoras derivadas de él, es justamente la doble moral: la sexualidad de las mujeres es valorada de manera distinta de la de los hombres. Por eso hace muchos años Mary McIntosh dijo: “la prostitución implica, al mismo tiempo, un desafío y una aceptación de la doble moral del statu quo. Como tal, no puede ser ni condenada totalmente ni aceptada con entusiasmo” (1996: 201). Sí, la actividad sexual comercial de las mujeres es, al mismo tiempo, un desafío a la doble moral, que considera que las transacciones sexuales de las mujeres son de un orden distinto a las transacciones sexuales de los hombres, y una aceptación de dicha doble moral, porque persiste el estigma.
En el debate sobre cuál debería ser el estatus legal de la llamada “prostitución” es posible ver que las implicaciones7 para las políticas públicas que se derivan tanto de la penalización como de la despenalización pueden tener el efecto de exacerbar las desigualdades de género. Como ambas posturas tienen consecuencias en las vidas de las trabajadoras sexuales, resulta complicado hablar en abstracto del comercio sexual, sin ubicarlo en el contexto concreto e histórico en que ocurre y sin distinguir tanto el capital social de las trabajadoras como las condiciones laborales en que realizan su trabajo, en especial su libertad de movimiento. Una rápida mirada sobre la situación mundial muestra que la mayoría de las prostitutas son muy pobres. La brecha económica y social entre las de la calle y las call girls8 es sideral. Estas call girls, que no son engañadas, ni drogadas, ni secuestradas, y que seguramente podrían conseguir otro tipo de trabajo, están en el comercio sexual porque obtienen ganancias enormes. Ellas son, económicamente hablando, privilegiadas y representan una faceta distinta del fenómeno. Para las demás, que son la gran mayoría, la venta de servicios sexuales en contextos laborales de trabajos precarios, salarios miserables y gran desempleo, les permite sobrevivir y a algunas cuantas ganar en un día la misma cantidad de dinero que ganarían en semanas en otro tipo de desempeño laboral, si es que lo consiguieran.
04-trata-trabajo-01

lunes, 1 de septiembre de 2014

XIII Congreso de Antropología de la FAAEE. Presentación de varios comunicados que abordan realidades de prostitución


 Me complace comunicar que esta semana presento un comunicado en este Congreso de Antropología.
Es un trabajo realizado conjuntamente con Isabel Holgado, titulado "De amores y sexo de pago:desvelando otras relaciones en el ámbito de la prostitución" en el Simposio, S3, el día 3 de septiembre:

http://wwwa.fundacio.urv.cat/congressos/congres-antropologia/programa-es

Así mismo, se presentan dos trabajos más.

Muchas gracias

domingo, 24 de agosto de 2014

Trabajadores del sexo La prostitución no es un problema: el problema es la hipocresía social

Trabajadores del sexo La prostitución no es un problema:
el problema es la hipocresía social

 http://www.lainsignia.org/2006/enero/cul_029.htm

Texto: Justine Abellán (*)
Presentación: La Insignia. España, enero del 2006.



La ofensiva contra los derechos de los trabajadores del sexo, tradicionalmente dirigida en España desde la extrema derecha y las organizaciones afines a la Iglesia católica, tiene nuevos y tal vez inesperados referentes. En el año 2005, el Partido Comunista de España (PCE) se sumaba a las fuerzas prohibicionistas, ocultas ahora -en consonancia con la moda de la mayoría moral estadounidense- bajo el eufemismo de abolición. Esta misma semana, la Unión General de Trabajadores (UGT) hacía lo propio y abría un sorprendente capítulo en la crisis de la izquierda, el dedicado al sindicalismo que criminaliza a los trabajadores y se niega a representarlos. La Insignia ofrece hoy a sus lectores un necesario contrapunto al despropósito anterior: tres de las intervenciones que se pudieron oir en mayo del 2005 durante las jornadas «Derechos de ciudadanía para las trabajadoras y los trabajadores del sexo», organizadas en Madrid por el sindicato Comisiones Obreras.

Bueno, la verdad es que mis compañeras me lo han dejado difícil, eso de ser la última me ha desmontado el chiringuito. Yo no suelo llevar los deberes hechos casi nunca, con lo cual voy a improvisar.
Primero que nada agradecer, sobre todo a mis compañeros de Comisiones en esta sala, a la Secretaría de la Dona, en Cataluña, que nos ha apoyado mucho. Y lo primero que voy a decir, porque va a colación de lo que vengo después a decir, es que todo lo que voy a decir está muy legitimado, sobre todo por el tipo de trabajo que hemos realizado, tanto mis compañeras como yo.
El hecho de trabajar en la calle, el hecho de regentar locales, haber hecho de mediadora social, estar en la Secretaría de la Dona en Comisiones Obreras, estar en contacto diario con trabajadoras sexuales en carretera, en la calle, en un local, creo que nos legitima para poder decir realmente qué es lo que piensan, a diferencia de otras que desconocen bastante el tema. Primero que nada, la verdad, darles las gracias a la señorita, perdón si me equivoco, Pilar Alvarado, porque me encantó tu intervención. Y de verdad, nuestro apoyo. Eso para empezar.
A partir de ahí quisiera decir que las trabajadoras del sexo no deseamos ni necesitamos que nos salve nadie, entre otras cosas porque tenemos voz y sabemos pensar, tenemos capacidad de organizarnos, y lo estamos demostrando. Con lo cual les diría a ciertos sectores sobre todo que dejen, si hablamos de explotación, que dejen de explotar el filón y que utilicen otros argumentos. Posiblemente lo que más moleste es el hecho de que conseguimos autosuficiencia económica y que además tenemos todo el control sobre nuestro sexo. Quizás ése sea el problema. La prostitución no es un problema, el problema es la hipocresía social.
A partir de aquí creo que voy a ser bastante concreta, o sea, vamos a diferenciar lo que es prostitución y lo que es esclavitud. Se hace prostitución voluntaria o bien por necesidad laboral, pero ¿cuánta gente trabaja en cosas que no le apetecen? ¿cuánta gente tiene diferentes titulaciones y no las puede ejercer y está haciendo otros trabajos porque tiene que pagar la hipoteca o porque tiene que comer?
Otra cosa es el tráfico, otra cosa es la explotación forzadas de menores, mujeres, de quien sea. Eso sí hay que combatirlo y hay que saber diferenciar muy bien qué es una cosa y qué es otra, porque la explotación existe en el textil, en la hostelería, en el campo... cualquier persona que se sienta en situación irregular está explotada. Si legalizamos vamos a conseguir que esa situación irregular termine, y de alguna manera será más fácil luchar contra las mafias y el tráfico.
Por otro lado, por aquí se hablaba de eso, que es difícil desactivar las bandas. Es que la legalidad es un problema, porque no se sabe muy bien dónde empieza una cosa y dónde termina la otra.
Contestarle a la señorita Soledad Murillo: por favor, que el trabajo es otra cosa. Pues para mí la política yo creo que también es otra cosa. Creo que quienes nos utilizan en sus discursos debieran conocer mejor de lo que hablan, y sobre todo conocernos mejor. O sea, no mordemos, se nos puede venir a hablar, y nosotras explicamos. Sería mucho más fácil.
Las propuestas abolicionistas tienden a esconder bajo la alfombra todo lo que molesta a esa falsa moral. Ése es el gran problema. ¿Vamos a ser de verdad progresistas o vamos a seguir con esos discursitos y excusas? Yo creo que como que mejor que no. De verdad, vamos a ser serios de una vez y vamos a valorar las cosas como son, es un trabajo y no hay que tener miedo. O sea, nadie roba el marido de nadie. O sea, yo creo que el problema de esos miedos creo que también es un poco nuestra gran falta de educación sexual. Y yo siempre he dicho que la prostitución evidentemente es algo que se va a abolir, pero el día que de alguna manera todos tengamos una gran cultura sexual, y entonces posiblemente no haya señores que necesiten del uso de las trabajadoras sexuales.
Mi compañero decía "es una psicología", y no es coña, no os riáis, lo es.
Por otro lado, no sé, parece como que existe como miedo a hablar claramente. Y a mí ya me empieza a molestar bastante eso de tantos nombres, el problema es el mal uso que se le dé. A mí me da exactamente igual que me llamen puta, prostituta o trabajadora del sexo, porque gano lo mismo me pongan el nombre que me pongan. Pero el problema es el respeto y sobre todo lo que me preocupa es el uso que se le da cuando esa palabra se dirige hacia una persona que no lo ejerce, cuando se utiliza como insulto, como arma arrojadiza. Lo que hay que hacer es reeducar. O sea el problema no es decir "puta", el problema es cómo se dice y cómo se argumenta, hay que reeducarnos bastante.
No me queda mucho más, y lo único que voy a hacer, es lo único que traía escrito de verdad, son unas reflexiones, porque como sindicalista lo que me toca es un poco soluciones, o hacer unos planteamientos de por qué se debe legalizar.
En principio os diría que en una sociedad democrática en la que todavía existen personas marginadas no es ético ni de recibo, ni tan siquiera en nombre de la moral, pretender su erradicación, porque lo único que se consigue es favorecer la represión y la indefensión de quien realmente se pretendía defender.
Sólo desde la honestidad, desde el diálogo y la capacidad de desaprender absolutos códigos de falsa moral y con voluntad de progreso podemos entender los derechos y las necesidades de este colectivo laboral. No olvidemos que la Constitución española defiende expresamente, según el artículo 35.1, la libre elección de oficio y el derecho a no ser discriminado por ello, artículo 14, se insta a los poderes públicos a legislar, si fuera necesario, para su protección. Eso forma parte del artículo 9.2. Por ello, por sensibilidad y coherencia democrática solicitamos al Parlamento español que adopte una postura positiva ante la demanda de una reglamentación que habilite por ley lo que nos corresponde por derecho constitucional.
En una sociedad democrática en la que existe un colectivo laboral marginado, la verdad, por comodidad moral es una utopía y sólo provoca el abuso.
Yo desde mi posición de trabajadora y como mediadora y como sindicalista, y después de todo lo aprendido de mis pasos por LICIT, por AMBIT DONA, por Comisiones y mi trabajo en la calle, en locales y demás, creo poder decir a esta mesa y a todas las que estáis aquí que estamos preparadas -y no os quepa la menor duda- para realizar nuestras propias propuestas.
Eso es lo único que tengo que decir. Gracias.

(*) Justine Abellán ha sido trabajadora del sexo y ha regentado locales de alterne en distintas ciudades del España; posteriormente fue mediadora social, y en la actualidad ejerce como orientadora de derechos civiles, siempre en relación con la prostitución. Ella está afiliada a Comisiones Obreras de Cataluña y es una de las personas que está impulsando la posibilidad de construir la organización de trabajadores y trabajadoras del sexo en el sindicato.

“Estoy orgullosa de ser puta. Como trabajadora, mi objetivo es acabar con la industria del sexo”. Entrevista a prostitutas

“Estoy orgullosa de ser puta. Como trabajadora, mi objetivo es acabar con la industria del sexo” | PlayGround | Articulos Musica

“El único problema real que hay hoy es que el ayuntamiento se ha empeñado en hacer políticas que favorecen la especulación. Aquí encontró una mina de oro para especular y por eso nos quieren sacar de aquí. Realmente no es porque nosotras seamos problemáticas. La prostitución no es lo que degrada el barrio, a diferencia de lo que tratan de hacernos creer.”
Pongo la radio mientras desayuno. El presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco Juan Luis Ibarra y la monja María Luisa del Pozo hablan sobre la reinserción (sic) de prostitutas en la SER. Reinserción. Al parecer, las putas están fuera de la sociedad y hay que facilitarles su re-entrada. Escucho al juez decir que “la mayoría vienen voluntariamente pero los intereses de la deuda contraída son tan altos que no los pueden pagar y se ven obligadas prostituirse. Eso es trata de mujeres”.
los-pasos-invisibles-de-la-prostitucion_100614_1402395368_91_.jpg
El simplismo del magistrado me crispa. Eso no es trata, pienso mientras apuro el café, eso es capitalismo; es la economía de la deuda de la que habla Silvia Federici. Todas trabajamos para pagar las deudas que nos vemos obligadas a contraer para vivir. Entonces me acuerdo de mi libro de cabecera respecto al trabajo sexual, Los pasos (in)visibles de la prostitución: estigma, persecución y vulneración de derechos de las trabajadoras sexuales, de la editorial Virus.
Tengo la tentación de escribir un artículo para explicar que, en realidad, puta es como se califica a cualquier mujer que no se pliega a las imposiciones del patriarcado. La promiscua, la libre, la divorciada, la madre soltera, la lesbiana, la segura de sí misma, la que aborta, la que se apoya más en sus amigas que su marido, la que decide criar a sus hijos según su criterio… Y, por supuesto, la profesional del sexo.
Luego me doy cuenta de que ese artículo es banal; es mucho más interesante que hablen ellas. Así que entrevisto a Sandra, Janet, Verónika y Paula.
Sandra es un pibón que arrasa en Twitter gracias a su afilada lengua, que no se suele morder a menudo. Transfeminista insurrecta, no te va a gustar cruzarte con ella si eres abolicionista o si tienes la costumbre de decirles a las mujeres qué es lo que tienen que hacer con su cuerpo. Ejerce en un piso compartido con otra chica, aunque también realiza salidas a hoteles. Anuncia sus servicios y contacta con los clientes a través de la red.
A Janet la vi por primera vez en el escrache a Mercé Homs de hace unos meses. Me impresionó aquel discurso sobre vulneración de derechos de las trabajadoras del sexo y urbanismo, tan suave en las formas y cañero en el fondo, que dejó callada a la regidora. Empezó en un club, siguió en un topless, luego en un apartamento y más tarde, casi por casualidad, encontró lo que le gusta: la calle.
Verónika Arauzo, La Vero, es activista independiente, transfeminista y presidenta en funciones de la asociación de Profesionales del Sexo de Catalunya [1]. Ha trabajado de todo: scort, dómina, en casas a porcentaje, de puta de calle…
Paula es una coqueta rubia de treinta y tantos a la que conozco hace años. Siempre me ha parecido una persona extremadamente sensata, divertida y agradable. Después de esta entrevista, me parece aún más interesante. Ha trabajado en la calle, en cabaret, clubs, saunas, de encargada de pisos, alto standing, en bajo standing, clase bajísima… Ya no es prostituta y no lo echa de menos.
sandra_100614_1402388471_30_.jpg Sandra
Prostituta, trabajadora sexual, puta, acompañante, scort, call girl… ¿Cómo prefieres que te llame?
SANDRA: Prefiero y suelo definirme como puta. Lo veo como una forma de reapropiarnos del término, de darle la vuelta, haciendo así que las acepciones negativas que arrastra pierdan su fuerza.
JANET: Por regla general, no me gusta ponerme etiquetas. En nuestra profesión no hacen falta; quien es abogado no va con un cartel que diga que es abogado. Pero no me ofende si me dicen puta o trabajadora sexual, no tengo problemas respecto a mi profesión. Sé lo que soy, sé que esto me permite mi subsistencia y no reniego de la mano que me da de comer.
VERO: La cuestión clave es que somos profesionales del sexo. Esto incluye a mucha gente, sin distinción de género: desde quien trabaja en el teléfono erótico a la puta de calle, pasando por las variables en Internet, la pornografía… Es decir, cualquier ejercicio profesional cuyo fin sea la excitación sexual destinada al consumo, ya sea mediante la interacción física o no.
PAULA: Para mí no es importante. Una etiqueta sólo es una etiqueta. Sé que a otra gente le parece relevante, pero a mí no.

Sandra: "Intentaron hacerme creer que estaba haciendo algo terrible cuando en realidad sólo estoy teniendo relaciones sexuales consensuadas con otras personas adultas a cambio de dinero"
hetaira_100614_1402389734_80_.jpg
¿Has sentido el estigma de ser puta?
PAULA: Yo siempre me he sentido empoderada y haber trabajado como prostituta ha forjado mi autoestima. Estoy muy segura de mí misma. Pero al mismo tiempo, he vivido muchos años el estigma de ser puta. Yo me eduqué en una escuela católica privada… Siempre me incomodó explicar a mi entorno social que era trabajadora sexual, pero nunca lo oculté porque me di cuenta de que me empoderaba decirlo. También ha influido en mis parejas, a las que nunca se lo he ocultado. A la mayoría de los hombres les da miedo. A los tíos les cuesta aceptar que su pareja sea prostituta.
SANDRA: Al principio me sentía muy sola. Llevé una doble vida durante unos meses, hasta que decidí contarles a mis amigas más cercanas y a algunas de mis familiares que ejercía. Aún hoy, algunas personas de mi entorno no lo saben. Las personas más cercanas me respetaron pero las demás intentaron hacerme creer que estaba haciendo algo terrible cuando en realidad sólo estoy teniendo relaciones sexuales consensuadas con otras personas adultas a cambio de dinero. Eso es lo peor de ejercer la prostitución: el estigma.
JANET: Tenemos un cliché marcado. Se creen que somos personas viciosas, con problemas de drogas, con problemas en el ámbito familiar… Creen que somos lacras sociales. Yo reniego de ese cliché y de otros: tampoco tenemos que ir con lápiz de labios rojo, los pechos fuera y minifalda. Yo llevo trabajando en esta profesión y en otras 30 años. Siempre he trabajado como prostituta. Tengo cotizados 28 años a la seguridad social y ha sido un complemento. Otro estereotipo que hay que romper es el de los clientes: los señores que vienen a nosotras no son pervertidos.
vero_100614_1402390141_0_.jpg Vero
VERO: El estigma puta es alimentado por numerosas instituciones y convenciones sociales. Parte de no querer reconocer el derecho de autodeterminación de cada individuo y, en concreto, el derecho a disponer del propio cuerpo de la mujer. Porque el estigma se da en las mujeres, del estigma masculino no se habla, es una gran realidad silenciada. Cuando un hombre insulta llamando “puta” no insulta a la mujer que cobra sino a la que él considera una mujer degradada, fácil, follable, sin valores…
Ahora bien, en mi caso el estigma que me ha marcado ha sido el de ser trans. Cuando fui capaz de superar aquel, el estigma de ser puta me dio bastante igual. Creo que esto es algo habitual en las trans. A las trans se les presupone automáticamente que son trabajadoras sexuales; nadie piensa que una pueda trabajar en un banco… porque de hecho en España no hay ninguna trans trabajando en un banco. Hay muy pocas excepciones, la mayoría no desempeñan puestos de responsabilidad, trabajan como putas. Si al ser trans le sumas ser emigrante, no hay duda: es puta. A la mayoría de las compañeras trans que entran legalmente en Europa como turistas las paran en el aeropuerto porque son putas. Las trans, al parecer, no tenemos el derecho de viajar para ir de vacaciones.

"Decir que todas
las prostitutas somos
víctimas de trata es
una mentira que
invisibiliza a quienes
ejercemos libremente
y es un gran error si
realmente quieren
detectar y ayudar a las
verdaderas víctimas"
¿Has elegido libremente tu oficio? ¿Qué opinas de quienes equiparan prostitución y esclavitud sexual?
JANET: Evidentemente, me siento libre. Nadie empieza a ser prostituta como quien dice “voy a la universidad a hacer tal carrera”. Se entra por necesidades lógicas, que son económicas, y yo he tenido la suerte de vivir en un ambiente amable, nada hostil. En la prostitución, para entendernos, tú eres tu propia empresa. La mayoría de la gente, cuando entra en una empresa con 20 años, es becaria… Nosotras con 20 años somos directivas de una empresa que gana muchísimo dinero. Cuando llegamos a los 50 nos convertimos en el felpudo de la empresa… Es lo inverso al proceso de la mayoría de la gente. Pero eso no significa que a mí no me dé una libertad económica que no tendría si trabajara en otra cosa con un sueldo de 700€. El alcalde, Señor Trias, dijo que la prostitución es la esclavitud del siglo XXI… Yo digo que la mayor lacra del siglo XXI es la ignorancia y él es un ignorante.
SANDRA: Sí, es un oficio que he elegido libremente, que me ha aportado muchas cosas buenas y que me gusta. Si no, no lo ejercería. Soy yo la que elige cuándo, dónde, con quién y por cuánto. Al contrario de lo que muchas personas creen, soy yo quien pone las reglas y quien controla la situación. Decir que todas las prostitutas somos víctimas de trata es una mentira que invisibiliza a quienes ejercemos libremente y es un gran error si realmente quieren detectar y ayudar a las verdaderas víctimas.
PAULA: A mí nunca me gustó ser prostituta; en mi caso ha sido una imposición cultural que tiene que ver con el machismo, el patriarcado y la construcción social. Aunque eso sí: en mi trabajo el poder lo he tenido yo, la que les ha dicho a los hombres qué hacer y qué no hacer, la que cobra… siempre he sido yo.
He intentado crecer dentro de mi trabajo. Ser una buena prostituta y ser una buena persona. Mi trabajo me ha dado mucho, he aprendido un montón de la vida y de los hombres que han estado conmigo. Siempre he intentado que sea bonito y he tenido la suerte de encontrar a gente bonita. No me refiero a gente guapa, ya me entiendes… ¡Aunque también me he tirado a cada tío… y he disfrutado como una cerda!
¿Si he trabajado libremente? La libertad que esta sociedad te da. Nadie trabaja libremente en un contexto capitalista. En el contexto laboral, cultural y social en el que vivimos, a casi nadie le gusta el trabajo que hace. Yo no es que me viera obligada, sino que fue la salida que tuve para vivir una vida holgada. Estos últimos años no, porque estoy cansada, pero he tenido una vida preciosa y el trabajo sexual me ha dado todo: viajes, vivir en barrios caros… He conocido a muchas mujeres muy inteligentes que han elegido libremente ser prostitutas.
VERO: Yo siempre he trabajado como autónoma. Todos los trabajadores que estamos en la APSCat somos independientes y tenemos la finalidad de que el trabajo se desarrolle como autónomos o en forma de cooperativa bajo contrato mercantil. Nuestra finalidad es confrontar a la industria del sexo, para acabar con su explotación.
Cuando hablo de “la industria del sexo” me refiero a la industria pornográfica, a locales, burdeles, casas… A cualquier estructura creada para que un empresario se enriquezca mediante los servicios sexuales que presta otra persona. La pornografía mainstream es la gran educadora sexual de nuestro tiempo; cada vez consiste menos en “nos corremos” y cada vez más en “me corro yo, hombre, y si hace falta se corren 80 coleguitas más al mismo tiempo y tú, mujer, debes conformarte y ser feliz con que te caiga en la cara y en la boca”. La industria del sexo es un legado del patriarcado que debemos destruir.

Janet: "Me veo obligada a hacer de 10 a 12 horas diarias para tener un sustento, pero no es por la falta de clientes, sino por el acoso policial que sufrimos desde la aprobación de la ordenanza del civismo hace 8 años"
hotel_100614_1402391125_26_.jpg
¿Qué ventajas e inconvenientes ves a trabajar en la calle, en casa o en un club?
VERO: La cuestión no es tanto si trabajas en la calle, en un piso o en un club como si eres independiente o hay un empresario que te explota y enriquece con tu trabajo. Cuando estás contratada por un empresario, no tienes libertad para decidir respecto a prácticas y clientes. La diferencia además es que, cuando trabajas para un tercero, al no existir una legislación a tal efecto, la realidad es que estamos en una situación de ausencia de derechos respecto a la empresa y, por ende, de explotación a la trabajadora sin derechos.
JANET: La diferencia es la libertad. En la calle yo decido cómo, cuándo y dónde, mientras que en un piso tú estás obligada a ciertas cosas. Cada casa, cada empresa, impone sus normas y tú las tienes que acatar. En la calle no; yo voy y vengo cuando quiero… Aunque antes tenía mayor libertad, ahora es el acoso policial el que me la coarta. Me veo obligada a hacer de 10 a 12 horas diarias para tener un sustento, pero no es por la falta de clientes, sino por el acoso policial que sufrimos desde la aprobación de la ordenanza del civismo hace 8 años. Antes trabajaba dos horas por la mañana y dos horas por la tarde y los fines de semana no aparecía. Ahora nos obligan a concentrarnos a todas las chicas en 100 metros (antes estábamos repartidas por las calles San Ramón, Sant Pau, Ronda Sant Pau…), lo que dificulta enormemente nuestro trabajo.
Esta parte de la calle Robadors es como una gran familia. Nos conocemos desde hace tiempo, todos interactuamos entre nosotros —clientes, vecinos, nosotras…—. El único problema real que hay hoy es que el ayuntamiento se ha empeñado en hacer políticas que favorecen la especulación. Aquí encontró una mina de oro para especular y por eso nos quieren sacar de aquí. Realmente no es porque nosotras seamos problemáticas. Los vecinos se quejan del ruido y de la suciedad… como en cualquier otro barrio de Barcelona, eso no lo causamos nosotras. La prostitución no es lo que degrada el barrio, a diferencia de lo que tratan de hacernos creer.
SANDRA: La ventaja de trabajar en la calle es que, si vas por libre, eres tú quién decide cómo trabajar y con quién, pero tiene bastantes inconvenientes: la policía, la violencia institucional que llevan a cabo las administraciones a través de las ordenanzas municipales que han puesto en marcha en todo el estado español, la falta de espacios donde poder trabajar tranquilas y más seguras, limpias, con sitios en los que puedan descansar, correctamente alumbradas, con buenos accesos, etc. Los inconvenientes de trabajar en un club son que no eres tú quien decide, sino el dueño del club, y él es quien te dice cuánto trabajar, por cuánto, qué hacer, cómo, etc.
PAULA: Cada una tiene sus ventajas. La calle es la parte más dura, más difícil, pero más autónoma, más independiente y, desde mi perspectiva, también más revolucionaria. Trabajar en pisos es un poco más elitista, más bonito. No te tratan mejor que en la calle pero te sueles sentir más glamurosa, es un poco más pijo todo. Aunque toda prostitución tiene su parte de glamour y su parte de tristeza, también la calle. El tiempo que he trabajado en la prostitución siempre he encontrado clientes muy amables, en todas partes.
judit-2_100614_1402393453_27_.jpg

"Lo que yo
he visto es
que cuantos
menos
derechos
reconocidos
tiene una
persona,
más fácil es
explotarla."
Un tópico muy extendido es considerar a las escorts o “prostitutas de lujo” trabajadoras libres, pero asociar a las trabajadoras que ofrecen sus servicios en la calle al proxenetismo y las “mafias”. ¿Qué opinas de ello?
SANDRA: Estos tópicos tienden a perseguir y estigmatizar a las trabajadoras sexuales que hacen la calle y tienen un claro tufo xenófobo, ya que la mayoría de quienes ejercen la prostitución en la calle son inmigrantes.
PAULA: Lo que yo he visto es que cuantos menos derechos reconocidos tiene una persona, más fácil es explotarla. La prostitución no es delito pero hay multas a clientes y trabajadoras sexuales. Además, si eres inmigrante te pueden expulsar del país. Así que cuanto más vulnerable seas, más fácil será que seas víctima de la trata. Lo que yo he visto es que es en los clubes, donde las chicas están encerradas, es donde están más tratadas. En la calle se pueden dar casos, pero menos. Hay una asociación de empresarios de clubes de alterne que obviamente no va a decir públicamente que está a favor, pero todo el mundo sabe que han trabajado con mujeres en situación de trata.
JANET: Lamentablemente, ni todas las escorts, ni todas las que están en un club son libres. En España no había grandes mafias que se dedicaran a explotar la prostitución; es un fenómeno de las últimas dos décadas. El barrio chino (El Raval) era el lugar en el que ejercían las prostitutas mayores. Llegabas aquí cuando cumplías 40 años, no con 20. Yo empecé en la calle con 42 años al constatar que ya no podía ejercer en ningún otro lado, con la carga de tener dos hijos a los que mantener. Cuando se abrieron las fronteras dentro de la UE, el barrio chino se convirtió en un foco de mujeres víctimas de trata, pero hoy en día, aunque lamentablemente no podemos decir que se haya eliminado, no es como en esa época. Hoy hay cuatro familias que tienen explotadas a varias mujeres, que son sus parejas.
VERO: Muchas de las trabajadoras de calle son gente que funciona de manera independiente. No tienen jefe ni nadie que les explote y han elegido ejercer libremente. A diferencia de las escorts, que todas tienen un agente que es el que les consigue los clientes a cambio de un porcentaje. Depende de los países: en los que está legalizado, el máximo que se puede llevar una agencia es un 30%, aquí el mínimo habitual es el 50%. Así que cuando oigas esos precios tan fantásticos de la llamada prostitución de lujo, ten en cuenta que, de 500 euros, la trabajadora sólo se lleva 250. Por un lado se proyecta una imagen fantástica, pero te están chuleando viva.
derechos_100614_1402393945_53_.jpg
¿Crees que la legislación actual es eficaz para acabar con la trata?
VERO: La legislación actual tipifica la trata como delito pero, en la medida en que reconoce a la industria como agente económico, no puede hacer efectiva la persecución de la trata. Sólo se persigue el ejercicio en la calle. Además, los clubes pagan impuestos… Y quien paga, manda.
SANDRA: Las ordenanzas que acosan, persiguen y criminalizan a las putas que trabajan en la calle y que a la par espantan a sus clientes a base de multas no ayudan; todo lo contrario. Si multan a los clientes, multan a la trabajadora sexual. Ellas son las más perjudicadas, ya que se ven obligadas a esconderse más y, por ello, a trabajar en situaciones de mayor vulnerabilidad.
PAULA: Es evidente que policías y políticos hacen la vista gorda la mayoría de las ocasiones. Lo que yo me pregunto es por qué los clientes no dicen nada. Ellos saben que una chica que está en situación de trata no proporciona las mismas sensaciones que una chica que es autónoma. A una chica explotada se le nota, tiene miedo, está asustada… ¿Por qué los clientes siguen yendo a lugares donde se explota así a las mujeres? ¿Cómo puedes ir a un sitio en el que sabes que hay chicas esclavas? Esos clientes son cómplices de estas situaciones.
JANET: La legislación actual no es eficaz para acabar con la trata. El problema de todas las mafias es el dinero; si cortas el cauce del dinero, acabas con la mafia.  Como sabrás, ha habido tres macro-redadas y juicios aquí, en El Raval, supuestamente contra la trata. El Tribunal Supremo ha ratificado en marzo la sentencia que absuelve a todos los proxenetas sabiendo que maltrataban, vendían mujeres, las obligaban a trabajar 24 horas, las encerraban… Y aquí no pasa nada. Habría que analizar los maletines que se han movido entre despachos en esos tres casos, ver quién se ha enriquecido.

"Hay que reconocer en las leyes laborales que la prostitución es un trabajo y por ende regular los derechos laborales y sociales derivados de ello, igual que sucede con el resto de trabajadoras"
trabajadora-sexual_100614_1402392930_38_.jpg
¿Qué se debería hacer para que las trabajadoras del sexo tuvierais derechos?
JANET: Lo primero sería hacer visible lo invisible. Reconocer que existimos, que somos un colectivo laboral y que, por muy políticamente incorrecto que les suene, la realidad es que estamos aquí: somos mujeres que hemos decidido, por la razón que sea, ejercer. La única manera lógica de regularizarlo es contando con las trabajadoras, sin intermediarios.
SANDRA: Creo que lo que hay que hacer es reconocer en las leyes laborales que la prostitución es un trabajo y por ende regular los derechos laborales y sociales derivados de ello, igual que sucede con el resto de trabajadoras.
PAULA: Existen tres modelos: el prohibicionismo, el abolicionismo y la regularización. Ninguno de ellos me convence. En realidad, yo lo que quiero es el reconocimiento de la profesión, en tanto que profesión. A partir de ahí, en la medida en que estoy en contra de la explotación laboral en todos los trabajos, también estoy en contra de este. Es un trabajo que tiene una parte emocional, que implica una parte de cuidados hacia otro ser humano, no es un trabajo simple… Habría que crear una estructura que nos reconociera la posibilidad de tener prestaciones sociales, de jubilarnos —la prostitución es una profesión que dura pocos años—, de estar de baja por enfermedad… Deberíamos construir algo nuevo.
VERO: No estoy a favor de la regularización sino de la legalización. Nuestro modelo legalista trata de quitarle el máximo de poder posible a la industria del sexo. Defendemos que se ejerza únicamente como trabajo autónomo o como cooperativa de trabajo asociado bajo contrato mercantil y que se limite la cantidad de personas que pueden asociarse en una cooperativa, eliminando las grandes estructuras. Así, se elimina la posibilidad de fraude y de que, a través de falsas cooperativas, se refuerce a la industria del sexo.
Hace unos años, presenté junto a Justine Abellán un proyecto de legalización de trabajo sexual a la Generalitat, nos rompimos la cabeza para que fuera un proyecto viable y práctico. Pues resulta que este proyecto ha desaparecido en algún despacho; se traspapeló y nadie ha vuelto a saber nada de él.