Sobre el abolicionismo

"La víctima del abolicionismo de la prostitución es diferente, entre otras razones, porque para el abolicionismo de la prostitución sobre las que se proyecta su acción "salvadora" son un mero instrumento o intermediario al que deshumaniza so pretexto de que el objetivo abolicionista es atacar la esencia misma de la comunidad, para obtener su destrucción y su sustitución por la estructura social y política que la ideología abolicionista quiere"

Montse Neira
El PRÓXIMO DOMINGO DÍA 3 DE JUNIO SALE EN EL PAÍS SEMANAL UN REPORTAJE SOBRE MI (MONTSE NEIRA) Y MI LIBRO "UNA MALA MUJER"

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El estigma de la puta I.


TAL VEZ SEA UNA SIMPLE PATALETA...¿O NO? (Béjar, 2001).
"estoy harta de medirme por la vara de los demás. Haga lo que haga, siempre que no obedezca seré descalificada. Lo sé. Hace tiempo que me di cuenta de que -en el fondo- sólo dos clases de mujeres: las que bajan la cabeza y no molestan, y las que no pasan por el aro. Y ¿sabes cómo se les llama a estas últimas? ¡zorras!, ¡ Zorras!
1. Mujeres que cobran por prestar servicios sexuales. En principio, personas tan respetables como cualquier otra.
2. Mujeres a las que, por desobedientes, se les puede faltar al respeto, independientemente de que ésa sea o no su profesión.
Pensamientos varios:No te quepa duda: traspasar la línea entre el bien y el mal es muy fácil, sobre todo en lo referente a la carne. ¿O cómo crees que te llaman cuando te relacionas sexualmente con entera libertad y sin pensar "en las consecuencias"; cuando le dices a un hombre "cielo, si no te importa, no tengo ganas"; cuando tu placer te preocupa bastante más que el suyo; cuando tienes un pasado ciertamente interesante; cuando hablas abiertamente sobre tu vida sexual; cuando declaras sin cortarte que te gusta probar cosas nuevas; cuando en definitiva, te atreves a decidir por ti misma lo que quieres hacer con tu cuerpo?¿Te has dado cuenta que para los hombres no existe un insulto equiparable a nuestra "zorra"? Se me ocurre "hijo de puta" y ya ves, también así a la que mentan es a una mujer.
Éste es sólo un ejemplo, pero si te fijas en nuestro lenguaje, comprenderás que es tremendamente machista.¿Cuántas señoras dejan que un hombre utilice su cuerpo, sin cobrar por ello, a cambio de que mañana les vuelva a llamar (transacción que, por lo demás, no parece dar resultado)? ¿Quién es más honesta consigo misma? ¿Y más imbécil?¿Por qué se critica a la puta y no a quién paga sus servicios? Ándate con cuidado la doble moral siempre nos acecha.Tres profesiones en las que casi siempre ganan más las mujeres que los hombres: prostitución, stri-tease y modelo. Ese casi siempre se debe a que al menos en los dos primeros casos, suele existir un parásito que es el que hace su agosto, leáse el chulo.Frase genial."El sexo es la unica actividad humana en la que el profesional tiene un status inferior al del aficionado" (Murray Davis, escritor).Conclusión: Pues no. No pienso agachar la cabeza."
Mi reflexión personal:
Entiendo a Sylvia, cuando hace esta reflexión. Yo, antes de ser/hacer de puta, también me hacian sentir una puta/zorra...y no solamente los hombres sino otras mujeres, compañeras de trabajo, familia, "amigos". Recuerdo en una ocasión que fuí a comprar unos preservativos a la farmacia, aprovechando la hora del almuerzo, fuí con dos compañeras y al día siguiente ya corría el rumor de que era una puta... La cuestión es que la gente que me rodeaba consideraban que transgredía unas normas. (tenía relaciones sexuales fuera de la institución del matrimonio)...unas normas que realmente no se sabe quién las inventó - aparte de la tradición judeo-cristiana- y que seguimos reproduciendo literalmente sin tener en cuenta la evolución que ha habido en la sociedad. Está visto que en cuestiones de imbecilidad no ha habido evolución. Por otro lado, de la connotación peyorativa de la palabra puta, hago caso omiso de ello ya que sólo las mentes ignorantes y cargadas de prejuicios, dan ese sentido.
El cómo y el por qué del estigma de la puta.La palabra “puta” - según afirma el crítico literario, cuentista y biógrafo Julio César Londoño en su artículo Historia de una Mala Palabra- tiene una historia muy particular, pues la palabra latina “puto” (putas, putare, putavi, putatum) viene del vocablo griego “budza”, que significa sabiduría. Las primeras budzas fueron las mujeres de Mileto, cuna de la primera escuela filosófica griega, en donde las mujeres podían asistir a las academias y participar de la vida pública. Cuando la filosofía y las filósofas de Mileto llegaron a Atenas, soprendieron a los atenienses con sus habilidades para el baile, el canto y sus conocimientos en historia, astrología, filosofía y matemáticas. Dice Londoño que eran mujeres “con las que se podía reír antes del amor, y conversar después”. Mujeres así no tardaron en despertar los celos de las puritanas y reprimidas esposas de los atenienses, quienes pronto contaminaron la noble y hermosa palabra “budza” con su ignorante pronunciación celosa de “pudza”. Al poco tiempo, hacia el siglo I DC, había nacido la palabra “puta”, sinónimo de meretriz. Entonces, tenemos que en su origen, las putas eran mujeres sabias, inteligentes, cultas y diestras en las artes mundanas y celestes. Si nos fijamos bien, las cosas no han cambiado mucho… aún hoy, una mujer hermosa, exitosa, culta, educada y hábil en el uso de su cuerpo para disfrutar y dar placer se le conoce como puta. Y aún hoy, la palabra se susurra con envidia. Pero, ¿qué nos enseña esta pequeña lección de historia? Para empezar, que el noble origen de la putería no se ha perdido. Puta, distante de prostituta o trabajadora sexual, se refiere a una mujer que ha elegido estudiar, aprender, enseñar. Se refiere a una diva, a una diosa, a una mujer encantadora y femenina llena de poder sensual que toma las riendas de su sexualidad y de su intelectualidad sin disculparse y sin avergonzarse. Pensándolo bien, puta no es un insulto. De hecho, es un halago. Hijo de puta, si vamos al grano, lo es también. Así que, volviendo al tema de las putas pereiranas, creo que el término es bastante justo. En efecto, las mujeres de esta ciudad somos emprendedoras, inteligentes, ‘berracas’, trabajadoras, cultas, educadas. Nos preocupamos por salir adelante y por sacar adelante nuestros hombres. Y si a eso vamos, desciendo orgullosa de una larga línea de putas, empezando por Rita Arango Álvarez del Pino, que fue una valiente, temeraria y aguerrida mujer que desafió los cánones de la época e hizo historia porque tenía una mano fuerte con qué cogerse la falda. Es que, viéndolo bien, mujeres que rompen en molde es lo que hay en Pereira. No tenemos que ir muy lejos para ver que tenemos mujeres sobresaliendo en todo: economía, política, periodismo, deportes, ciencias y artes. Siendo así, creo que la putas pereiranas tenemos mucho de qué estar orgullosas. Somos miembros de una estirpe élite de mujeres extraordinarias. Y, como bien se sabe, lo extraordinario siempre hace temer a los ordinarios. Así que no nos sorprendamos cuando hombres y mujeres de ciudades aledañas y o lejanas se refieren a nosotras como putas y lo dicen con desdén en lugar de reverencia. Nosotras, las putas, hemos soportado los celos durante siglos. Dejen que hablen, que si están hablando de nosotras, es porque hay mucho qué decir. Mejor así… ¿quién quiere ser de esas que no vale la pena envidiar? (Alvarez, 2006).
Si en origen las putas eran precisamente las mujeres más cultivadas ¿qué ha pasado a lo largo de la historia para que seamos rechazadas y estemos sometidas a un control social? Primero de todo, hay que entender cuáles son los factores que esbozan las tensiones sociales, simbólicas, ideológicas, gubernamentales y políticas que determinan los parámetros de la economía sexual en las relaciones entre géneros (ver qué es la prostitución). Sin el estigma de puta la prostitución no existe.¿Por qué me preocupa "no vestirme como una puta" al salir por las noches? ¿Por qué me encoleriza que alguien se atreva a hacerme una propuesta comercial al confurdirme con una profesional? ¿Por qué si camino por una zona donde se encuentran trabajadoras sexuales bajo la mirada para evitar sospechas y distanciarme de ellas?. Estas cuestiones sólo son un pequeño ejemplo del rechazo social que la prostitución posee. Aparte, tal y como he comentado antes, la palabra puta no se refiere solo a las mujeres que ofrecen sexo a cambio de dinero. Su empleo forma parte de insulto para referirse a cualquier mujer que viole las normas tanto las referentes a la sexualidad ( relaciones sexuales fuera del matrimonio, lesbianas, las que dejan a una pareja) (Juliano, 2003).
Asimismo, la portación de Sylvia Béjar es muy reveladora. La palabra "puta" se convierte así en un insulto para una mujer, así como "hijo de puta" lo es para un hombre ya que atenta contra la garantía de tener un padre conocido en una sociedad que valora el control sexual de sus mujeres.Con estos insultos se activa un control social que defiende algo que considera fundamental.Así cualquier mujer que transgrede las normas puede ser llamada "puta". El insulto no pasa desapercibido. Esto tiene que ver con el fuerte estigma que proviene del mismo, estigma que obliga a las mujeres a distanciarse de todo aquello que pueda encasillarse dentro del modelo de "puta"- Belle, de una trabajadora sexual, me comentó hace apenas unos dias que ella rechazaba que se la denominara puta por la connotación peyorativa, que prefería el término "escort", otras dicen que son putas a mucha honra y también hay quién quiere negarlo.Desde pequeñas, se nos enseña a tener buenos modales , vestimenta de "señorita", conductas adecuadas, etc. . Todas las mujeres, igual que todos los hombres, hemos aprendido los criterios de la castidad femenina en el marco de nuestra cultura. La amenaza de la palabra puta mantiene a la humanidad femenina en pura subordinación ya que la desaprobación social se convierte una amenaza en potencia para las personas que ejercen la prostitución y una amenaza en potencia para el resto.Resumiendo, podemos decir que mediante este estigma todas las mujeres somos controladas a través de un sistema informal y silencioso.
Las trabajadoras sexuales, es decir, las putas, siempren estamos a mano para enseñar a las demás lo que puede pasar si se alejan de las normas socialmente aceptadas. Es así que "la prostitución se construye como una necesidad social, más que porque satisfaga incontrolables necesidades sexuales, por motivos pedagógicos. La desvalorización socialmente construida y la indefensión ante todo tipo de agresiones, que afecta a las sexo-servidoras, es el espejo que se pone ante las mujeres insertas en el sistema, para mostrarles el precio que se paga ante cualquier atisbo de rebeldía.(Juliana, 2001).
Según esta autora, suelen ser las mujeres que aceptan los roles tradicionales, quienes mayores prejuicios tienen contra las prostitutas. Éste es el paso necesarios para quebrar la solidaridad entre todas las mujeres y aislar más a las que ejercemos la prostitución. En algunas sociedades muy tradicionales, como la que se dió en la España del franquismo o como pasa en algunos contextos culturales-musulmanes, cuando las mujeres han sido consideradas dudosas (las que no pueden demostrar su virginidad , madres solteras), muchas veces ellas encuentran como única solución laboral o de supervivencia el trabajo sexual. Es decir, el propio estigma se encarga de reclutar y mantener muchas mujeres en este oficio.*¿Por qué la misma sociedad que crea el mercado de trabajo para la prostitución nos insulta frecuentemente? ¿Podemos cambiar facilmente de oficio?. Es difícil contestar a estos interrogantes. Una de las explicaciones que se dan para entenderlos es que se considera -en el imaginario social, en los medios de comunicación, en algunos partidos políticos, etc. - La prostitución no como una actividad económica, sino como una identidad. Esto significa que las mujeres que nos dedicamos a la prostitución somos putas, somos malas madres, somos mujeres manipuladas, somos mujeres explotadas**Desde este punto de vista "puta" significa deshonor e indignidad y tiene sus manifestaciones perjudiciales para las mujeres en el ámbito legal (pérdida de libertades civiles y derechos humanos) (Arella et alt., 2007).